10 de octubre 2011 - 00:00

Norberto Gómez: la transmisión de una mirada a través del arte

El arte de Norberto Gómez tiene una clara transparencia política. Su nueva muestra es una retrospectiva que abarca 40 años de trayectoria.
El arte de Norberto Gómez tiene una clara transparencia política. Su nueva muestra es una retrospectiva que abarca 40 años de trayectoria.
Hasta el 29 de octubre, el Espacio de Arte de la Fundación OSDE presenta «Norberto Gómez- Obras 1967-2008». Cincuenta obras realizadas a lo largo de cuarenta años, en una muestra antológica después de 16 años de la última exposición de estas características realizada en 1995 en el Museo de Arte Moderno.

Es extraordinario comprobar que este artista sigue inquietándonos, en primer lugar por el contenido que golpea duramente y por la maestría con la que están elaboradas, haciéndonos creer que son maderas policromadas, mármol o metal. De allí la frase de su autoría que encabeza el texto de Ana María Battistozzi, curadora de la muestra: «un artista se pasa la vida intentando que los demás vean lo que él ve, y si lo empiezan a ver, ésa es la magia».

El recorrido comienza con obras de gran pulcritud asociadas a la geometría, madera pintada y resina poliéster, otras también en resina, de apariencia blanda preanunciadoras de lo que más adelante se convertiría en su expresión más revulsiva y perturbadora: las entrañas del ser humano, señalando la desintegración del cuerpo.

Gómez denunciaba el sometimiento de la época de la dictadura militar. Las «parrillas» pertenecen a ese momento tan desgarrador; quedaron y quedarán para siempre en nuestra memoria. Así sucede con la gran carga dramática de «La Parca» (1981) y «Crucifixión» (1983), obras de las que alguna vez nos dijera: «significan un momento importante de mi trabajo que es siempre tránsito, carne y lenguaje».

Hay una serie, «Las Armas», que sucede a lo anterior. Remite a los aberrantes procedimientos de la tortura, clavos, mazas, cadenas, cepos, alambres de púa, realizados en resina poliéster y cartón con la apariencia de metal. Aterradoras por el refinamiento de su ejecución. Más adelante aparecen las figuras humanas, grotescas, burlonas, perversas, encaramadas a columnas y frisos, por ejemplo, «El idiota», «El jinete alado», ambas de 1989, «Torre» (1997-1998). Constituyen un bestiario, una mimesis entre el hombre y el animal cuyos miembros terminan en garras, alas, patas de caballo, o miembros mutilados, los rostros como las caras de cierto momento del románico. Sus arquitecturas en yeso policromado, madera, de carácter ornamental que se articulan con tubos de desagüe, fusibles, fachadas o pórticos muy cerrados, de obsesiva realización.

Una muestra de las que el visitante no puede olvidar, ya que se enfrenta al sombrío retrato de la condición humana, imágenes que pueden provocar insomnio, despertarnos de la indiferencia que nos envuelve.

Paralelamente se exhibe en Castagnino-Roldán (Juncal 743) una serie de dibujos realizados entre 1975 y 2010 de gran tamaño y que han sido digitalizados bajo su supervisión.

Desde las formas blandas a las que aludimos al principio, las estructuras óseas de los cuerpos, el barroquismo de formas vegetales, la precisión arquitectural, los seres que ridiculiza bajándolos del pedestal del poder, la línea minuciosa, la línea abigarrada, la línea repentina, dibujos admirables de un artista que según sus palabras, «dibujo en exceso, por si acaba todo, antes de que se acabe el deseo, la vida».

Clausura el 17 de octubre.

Paula Grazzini

Hace tres años conocimos la obra de Paula Grazzini (1978) en su taller de Rosario, su ciudad natal. Su virtuosismo y su imagen perturbadora nos deslumbró, algo que más adelante le sucedió al jurado del Premio UADE 2009 al otorgarle la mención al Premio Joven Talento.

Realiza actualmente su primera muestra individual en Buenos Aires invitada por la Galería Jacques Martínez (Av. De Mayo 1130 4° G)

Su obra se inserta en un realismo que se sirve de la tecnología, en este caso y como primer paso, la fotografía. Como lo señala Hans Belting en «Antropología de la imagen», «las imágenes fotográficas simbolizan tanto como las mentales nuestra percepción del mundo y nuestro recuerdo del mundo», de allí las escenas que va planificando como un «work in progress» y cuyo resultado deja al contemplador ante la duda de si es fotografía o pintura.

En general, figuras de mujeres o niñas, el cuerpo femenino, según nos confesara, es una de sus obsesiones, ya sea de espaldas quizás para no mirar al mundo, a veces con el rostro oculto, de perfil, en cuclillas soplando una velitas, una actitud ritual, titulado «Ritos de Desapego», obra en la que la sombra del cuerpo es otra imagen.

Tambén hay moños barrocos, muñecas de plástico flotando o semihundidas en la arena, quizás la clausura de una época de su vida, un mundo inquietante que también proviene de la poesía, algún esbozo de paisaje. Sólo un oficio impecable da esa tersura que es casi irreal, brillos de efectos publicitarios digitalizados, No es pintura hiperrealista que sorprende por su perfección pero que en general se queda en la superficie, aquí hay un gran contenido metafórico como en «No es aquí» con un delfín azul que llega hasta allí vaya a saber desde dónde, o «Renunciamiento». Hay muchos quizás si se quiere descifrar esta pintura, allí reside la magia de «Todo parece mentira», título de la muestra.

Clausura el 31 de octubre.

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