12 de noviembre 2009 - 00:00

Norcorea, un régimen sostenido en su peligrosidad

Corea del Norte es una reliquia de la Guerra Fría donde 23 millones de personas sufren aún los efectos del estalinismo y el hambre en medio de una crítica situación de aislamiento. El desmoronamiento del régimen podría ser una cuestión de tiempo frente al agotamiento de sus reservas y el espectacular desarrollo de Corea del Sur, y su importancia en el mundo sería prácticamente nula si no fuera porque posee un arsenal nuclear. Esa capacidad atómica es, justamente, la apuesta del régimen por su supervivencia.

Pyongyang puso todas las cartas sobre la mesa con el segundo ensayo nuclear (el primero fue en 2006) y de misiles de alcance intermedio realizados a lo largo de este año. Asimismo, anunció que había terminado de reprocesar ocho mil barras de combustible para extraer el plutonio necesario para su arsenal. Sin embargo, enfrenta el desconcierto de no ser tomado con la seriedad que había imaginado con esas acciones desesperadas. El último intento para hacerse notar fue el intercambio de disparos entre buques patrulleros en el Mar Amarillo.

Interés

Si bien el problema de Corea del Norte es más urgente e inmediato para sus vecinos que para Estados Unidos, ya que carece de vehículos lanzadores de precisión para su arsenal nuclear y Washington posee un exceso de medios de represalia en caso de necesidad, el interés de Pyongyang es acordar con Washington su reconocimiento como potencia regional.

Busca en lo inmediato un diálogo directo con para considerar de manera comprensiva los temas políticos regionales y económicos que enfrenta.

En un hecho que puede parecer paradójico, Corea del Norte encuentra que Estados Unidos puede aportar el equilibrio a sus necesidades más que las que pueden ofrecer sus vecinos, a los que considera menos confiables, incluyendo a China.

Respuesta

La respuesta de Washington hasta ahora había sido que sólo se conversaría en el marco de negociación a seis bandas en las que también participaban China, Japón, Rusia y Corea del Sur. Sin embargo, en las últimas horas la administración de Barack Obama decidió enviar un emisario. En buena hora.

Kim Jong-il lo puede considerar una victoria. Pero eso es preferible a una crisis en la que la desesperación no es buena consejera. Si bien no habría que poner muchas expectativas en ese primer intercambio bilateral, establecer un marco diplomático de negociación es posible, aunque no seguro.

Corea del Norte se encuentra arrinconada y al borde de la impaciencia ante un cúmulo de limitaciones. Esa situación debería advertir sobre la conveniencia de desarrollar un canal de comunicación en lugar de mantener la actual distancia.

Dos procesos paralelos y complementarios de negociación parecen necesarios. Uno bilateral con Estados Unidos y otro multilateral a seis bandas, más allá de que la meta de una península desnuclearizada parezca todavía un objetivo inalcanzable y el paralelo 38 no pueda aún seguir el mismo camino que el Muro de Berlín.

El tema será materia de tratamiento en la próxima visita del presidente de Estados Unidos a China, Japón y Corea del Sur (ver aparte). Es de esperar también que los encuentros en esos países permitan establecer las bases para que el problema de Corea del Norte no se eternice en una situación que, junto con la que se enfrenta hoy con Irán, requiere solución ante el drama que representa el riesgo de proliferación de armas nucleares.

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