22 de diciembre 2009 - 00:00

Nostálgico de otro peronismo, Kirchner seduce a Guardianes

Néstor Kirchner, con un bebé en brazos, junto a su esposa, la Presidente, ayer durante un acto en Ezeiza.
Néstor Kirchner, con un bebé en brazos, junto a su esposa, la Presidente, ayer durante un acto en Ezeiza.
Ocurrió un mes y medio atrás. En reserva, Alejandro «Gallego» Álvarez, el histórico jefe de Guardia de Hierro, visitó Olivos y, tras años de derramar palabras ácidas sobre Néstor Kirchner, acusándolo de «traidor», lo abrazó y con su vozarrón apuró un «compañero».

Fue la coronación de un proceso de acercamiento, que gestionó otro guardián, Juan Carlos Mazzón, el multilateral operador del PJ. Sin embargo, la cumbre fue enhebrada por un tercer dirigente formado en Guardia: Omar Felix, intendente de San Rafael, Mendoza.

Cordial y amigable, la charla entre Kirchner y Álvarez derivó en un compromiso de respaldo mutuo. Al salir de ahí, el veterano dirigente dio el OK final para montar un acto en El General, el restaurante temático, de la avenida Belgrano, altar del peronismo gastronómico.

Álvarez tuvo que construir, en este meses, un edificio argumental para explicar por qué durante seis años cuestionó con fiereza los modos y las acciones de los Kirchner y ahora, bajo el subtítulo de «crítico», defiende al Gobierno y opera, bajo cuerda, para él.

El «Gallego» encontró, como soporte para ese giro, la crisis financiera internacional y las medidas, en general simuladas o meros anuncios, de Cristina de Kirchner en defensa de «la industria y el trabajo local». «Eso es peronismo» le dijo Alvarez a los suyos.

El ex jefe de Guardia agitó, desde entonces, la expansión de Movimiento Nacional, un espacio que se dice con presencia en más de 15 provincias, y que sirvió como paragüas para el show, el martes pasado, en El General.

Como parte del dispositivo K, la reunión de las comisiones del «Movimiento Nacional», mereció un despacho de la agencia oficial Télam que hasta insertó un video con declaraciones del santafesino Rubén Druetta, Francisco Cavalotti y el misionero Ricardo Vely.

Los elogios hacia el matrimonio se sostuvieron sobre la ruptura con el FMI, la política de DD.HH. y la ley de medios, además de lo del proceso, incierto, de «argentinización» de empresas que los ex guardianes pretenden que se extienda a «todos los recursos naturales».

Pero lo visible es, apenas, una parte de la historia. La cita Kirchner-Álvarez, en Olivos, tuvo como anticipo una intervención del «Gallego» para acercar votos al Gobierno para la ley de medios. ¿Fue quien intercedió ante los cordobeses, vía José Manuel de la Sota?

Aquella costura fue la demostración que le permitió a los ex guardianes, mayoría en el Movimiento Nacional, superar el filtro de sospechas, añejadas, de Kirchner hacia ese grupo con el que, la historia oficial, lo muestra sino enfrentado al menos alejado.

Ese recelo, sostenido en antiguos desvelos, no le impidió a Kirchner abrazar a Mazzón como uno de sus operadores. Sin embargo, quizá por aquel pasado -Mazzón fue jefe de Guardia de la regional Mendoza-, el patagónico suele destilar comentarios ásperos respecto al funcionario.

-Si al «Chueco» lo mandó a armar contra Reutemann a Santa Fe, seguro que vuelve convertido en su jefe de campaña- ha dicho ante varios testigos.

Así y todo, parte de la histórica estructura de Guardia, ha sido la que utilizó Mazzón para los operativos de los que se benefició el ex presidente. Es más: aunque inorgánicos, pero unidos por un filo hilo de pertenencia común, hay ex guardianes en el Congreso, en empresas y hasta en la cúpula de varios grupos piqueteros.

El vuelco hacia Guardia, 30 años después, tras reivindicar a Cámpora y La Tendencia, parece una añoranza de otro setentismo. O la demostración cabal de que, en medio de un cisma, cuando varios escapan de su lado, Kirchner acepta invitados que antes decía detestar.

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