7 de noviembre 2011 - 00:00

Notables muestras de Gordín y Gómez Canle

El cruzamiento de estilos y técnicas en la obra de Max Gómez Canle exige extrema concentración del contemplador.
El cruzamiento de estilos y técnicas en la obra de Max Gómez Canle exige extrema concentración del contemplador.
El mundo en miniatura de Sebastián Gordín (1969) siempre ha ejercido una fascinación en el contemplador que puede quedarse mucho tiempo mirando lo que sucede en sus teatritos e imaginando los recursos a los que apela para construirlos.

Recordamos sus «Gordinoscopios» (1996), cajas en las que a través de una mirilla se podían ver en pequeña escala, oficinas, escalinatas, una piscina.

También la sólida arquitectura de «Siete Cines» (1995), de apariencia sólida y escala mínima, «Procyón» (1994), humanoides frente a tableros de computadoras en plexiglas, plástico, luces, «La amenaza Fantasma» (2006), madera, vidrio, bronce, masilla epoxi, vaselina líquida, bomba de agua, descripción somera de materiales que trabaja en su calidad de gran artesano, mecánico, carpintero, alquimista y coleccionista de objetos en miniatura que instala en sus cajas transparentes.

En las cajas que exhibe actualmente hay una amenaza de catástrofe, libritos desparramados por el suelo y las bibliotecas a punto de caer, situación que el artista congela en ese instante previo.

También hay paisajes dispuestos en vitrinas. Realizados en marquetería, uno de los más bellos y antiguos oficios artesanales, revelan a un Gordín experto en la combinación y ensamblaje de esas finas láminas de madera, de cromatismo diverso, montañas de fondo, trincheras, alambres de púa con extraños personajes del comic.

De esta imagen que tiene algún resabio oriental puede pasar al salvataje de cuadros paradigmáticos en una escena de inundación urbana, obra que además del virtuosismo exhibe cierta ironía.

Artista del Rojas junto a Harte, Laren, Pombo,Suárez, Kacero, ganador del Premio Braque (1994), del Konex (2002), becario de la fundación Antorchas, ha participado en importantes bienales internacionales, Gordín es un creador de mundos extraños, inspirados en el juego, en la literatura, en el cine de horror, de fantaciencia, su obra inquieta por un relato que deja inconcluso.

Otro virtuoso es Max Gómez Canle (1972). Está en esa lista privada de los artistas cuya imagen no se olvida. A propósito, recordamos «Suite dOr», que junto a la música inspirada en Grieg compuesta por Nicolás Bacal e interpretada en piano por Violeta Nigro Giunta, el juego del Tetris, una montaña como escultura y sus pinturas, constituían una instalación intimista en una pequeña sala del Centro Cultural Recoleta en 2007.

Gómez Canle sigue la tradición de la gran pintura, un recorrido por Brueghel, las naturalezas del Quattrocento, los surrealistas, Aizenberg, los concretos argentinos, marco irregular a lo Lozza y por supuesto el arte digital, es decir, un cruzamiento de estilos y técnicas.

Obras, en general, de pequeño tamaño que exigen , suponemos, extrema concentración.

Paisajes de rocas, montañas, ríos, árboles renacentistas van a ser subvertidos por algún elemento externo o prolongación escultórica geométrica como en «Larriere-garde á lavant-garde» o «Aux Grottes!», imágenes que según su texto «Recámera Mental», alude a las que «están en nosotros, de pintura sobre pintura, erosionada y repintada a cada momento, desde hace miles de años».

Dos valiosas muestras de artistas que rescatan el oficio con escenas irreales, una poética que se nutre en el pasado pero resignificándolo, obras atemporales, osadas, enigmáticas y fascinantes (Galería Ruth Benzacar, Florida 1000. Clausura el 11 de noviembre).

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