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Novedades de la retaguardia: ahora resucitan emergentes
Dos semanas atrás la situación era infinitamente peor. El mundo se derretía y Wall Street era un bastión solitario, empecinado en dar batalla, pero sin más apoyatura que sus propias fuerzas, rodeado por el desierto. Esto ya no es así. La novedad es el recambio de guardia. Hay tropas frescas -con las que no se contaba - venidas de la retaguardia. Y otras, las que protagonizaron los avances más furibundos, que se han replegado de súbito. La sensibilidad por la valuación dictó el reagrupamiento con especial atención por satisfacer a los críticos. A decir verdad, aquí influyó más Bill Dudley, de la Fed de Nueva York, que Janet Yellen, la presidenta de la institución. No es el temor a una suba de tasas de interés lo que golpeó al NASDAQ, al Dow Jones de Transportes o al Russell 2000, todos ellos tan altivos antes y ahora en los mínimos de las últimas seis semanas. Nada más sensible a las tasas de interés que el Dow Jones de Servicios Públicos (Utilities) y, sin embargo, de la trilogía de índices Dow es, lejos, el que más trepó este año, el 7,4%. El Dow de Transportes sube el 0,7% y el Dow Industrial está un 1,5% bajo el agua. 2014 no es 2013: el desempeño de las acciones -comparado con los bonos del Tesoro- no le llega ni a los talones. El S&P 500 subió el 0,5%; el bono de diez años, el 7,8% (no obstante el tapering y el equívoco de Yellen).
Los dichos de Dudley -vertidos el 6 de marzo- fueron al meollo de la inquietud que perturba a Wall Street: cuán arraigada está en la Fed la visión de una efervescencia inapropiada en los activos de riesgo. Antes desfiló una pequeña legión de oradores oficiales que supieron cultivar esa veta; sólo que a Dudley se lo tiene por más influyente. Y el hombre apuntó que no veía excesos, "nada sustantivo" que lo preocupase, pero que podían existir algunos "bolsones". Dijo que le habían dicho que era el caso de las acciones de biotecnología. Fue citarlas y, en ese mismo momento, bajarlas del pedestal de un hondazo. El sector estrella se estrelló. Y aún hoy no consiguió hacer pie. Esto no lo logró Yellen ni siquiera cuando se produjo el clímax de su sorpresa.
El efecto Dudley derramó más allá de la referencia puntual. Sectores, y papeles, cuyo desempeño y valuación se asimilan a los de la biotecnología cayeron en la poda. La Bolsa se acomodó a los dichos del execonomista de Goldman Sachs como quien calza un guante. Si el problema de valuación no es general, o sistémico, sino focalizado, idiosincrático, se lo combate rotando la cartera. Bajo el nuevo credo -que nadie sabe cuánto durará-, los últimos son, por fin, los primeros. Los sectores rezagados de 2013, invirtiendo prolijamente el orden, han tomado el liderazgo.
Los héroes de la hora son los papeles baratos. Y los emergentes se destacan. Módicos en términos de las métricas convencionales, pero carentes de "momentum", dañados por los flujos de salida de capitales, con la espada de Damocles del tapering de la Fed, padecían el ostracismo. Hasta que los rescató la carambola del efecto Dudley. Esta semana, las Bolsas de los países avanzados treparon el 0,7%; las de los países emergentes, el 2,7%. Turquía escaló el 7%, Brasil el 5% (a pesar de la rebaja de su calificación crediticia), la Rusia de Vladimir el Terrible, el 2,8%. Los fondos ETF que invierten en mercados emergentes (EEM), en los desteñidos BRICS (EEB) o en Brasil (EWZ), todos ellos quebraron las medias de cotizaciones de las últimas 50 ruedas, y van por más. Es su cuarto de hora al sol. Una contraofensiva con méritos para prolongarse. Pero, como en casi todo, Wall Street tendrá la última palabra.


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