“Nuestra generación tuvo que salir a buscar el tango”

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«Creo que, más allá de la importancia del tango, no nos fue fácil encontrarnos con él. Tuvimos que salir a buscarlo. Porque cuando éramos adolescentes, yo ahora estoy en los 30 y pico, el tango no estaba en la TV, en la escuela, apenas un poco en la radio. Me lo encontré muchas veces junto con el folklore, en las peñas. Yo venía de tocar rock y desde allí, pensaba que el tango era algo aburrido. Después me di cuenta de que el tango y el folklore presentan un lenguaje más complejo que el pop y el rock, que el piso del tango es bastante alto y que para abordarlo había que estudiar. Por suerte, conocí la Escuela de música popular de Avellaneda donde pasé por grandes maestros; eso terminó de cambiarme la cabeza, tanto a mí como a muchos otros músicos de una edad parecida a la mía».

Así habla Diego «Dipi» Kvitko, guitarrista de un dúo que se completa con la voz de Walter «Chino» Laborde -cantante de la Orquesta Fernández Fierro-. Kvitko se pone locuaz ante el lanzamiento del tercer álbum de la dupla -»Tango tango vol. 3 Deluxe»- y su presentación oficial, que ocurrirá el próximo viernes en el Club Atlético Fernández Fierro (CAFF) de Palermo. Integrante a la vez de otros proyectos musicales -el cuarteto de Aníbal Arias, el conjunto de Hugo Rivas, el acompañamiento de muy diferentes cantantes, su propio Cuarteto Catenacho-, Kvitko es un músico reflexivo sobre su trabajo y su profesión.

«La adolescencia» -retoma- «es una época de búsqueda de referentes. La mayoría se inclina por el rock y el fútbol. Afortunadamente, yo vengo de una familia en la que hay mucha música, sin dificultades económicas y por lo tanto con mayor acceso a la información, y pude abrir el juego en un momento especial. Pero tampoco hay que hacerse ilusiones, porque los tangueros que estamos en actividad somos apenas un granito en volumen, en ventas, en convocatoria, si lo comparamos con lo que pasa con otras músicas».

Periodista: ¿No hay una contradicción entre esa inquietud cultural y un género al que le cuesta romper con los moldes tradicionales y actualizarse?

Diego Kvitko: Por supuesto; esa es la gran contradicción que, ojalá, se pueda ir revirtiendo con el tiempo. A falta de otros modelos, tenemos que ir a buscar en los grandes; y así es que los imitamos, les robamos, les sacamos cosas. Frente a eso, el peligro es el fundamentalismo en el que muchas veces se cae. El género tiene cosas que son arcaicas en términos de lo visual, del espectáculo, de las puestas, y que tendrán que irse actualizando si queremos que también los jóvenes se entusiasmen. No es sencillo ni debe ser forzado, pero tenemos que ser menos prejuiciosos; a mi criterio, el folklore en buena media ha logrado liberarse de algunas ataduras de instrumentación, de sonido, de imagen, y posiblemente por eso tiene una vigencia y una aceptación popular que el tango no ha vuelto a lograr.

P: Siendo que la repecursión popular no es masiva, ¿cómo explica que haya tantos discos de tango y que mucha gente imagine que hay una moda con el género?

D.P.: Vamos por partes. En cuanto a los discos, tiene que ver con que hoy es relativamente fácil y barato hacerlo. Con $5000 se hace un CD, con $10.000 un disco muy bueno y con $20.000 uno excelente. No hablo de lo artístico sino de lo técnico. Antes, un artista tenía que pasar por el filtro de un productor, de un director artístico, de un sello. Hoy está todo más a la mano y se puede grabar un álbum hasta con un Pro Tools en la casa. El disco termina siendo, entonces, como una tarjeta de presentación.

P.: También renacen las milongas...

D.K.: Es cierto, es un mundo aparte, con grabaciones del pasado que, sin ser explosivo en cantidad de gente, tiene un movimiento fuerte que incluye mucho turismo. Ese interés de los extranjeros hace que también haya trabajo afuera para los músicos, los bailarines y los cantantes. Esto que digo puede hacernos confundir y pensar que el tango «está de moda». Pero si miramos las convocatorias de los artistas, las ventas de discos, el espacio en los medios, nos damos cuenta de que la mayoría tenemos en esto de hacer nuestros proyectos tangueros, grabarlos, presentarlos, mucho más de inquietud antropológica que de especulación comercial. Yo tengo lo laboral resuelto con otros trabajos, de modo que puedo darme el gusto de hacer algo que me da placer, de recuperar algo que fue masivo y popular y que, a la vez, tiene muchos valores poéticos y musicales.

P: ¿Por qué eligió este rubro con Walter Laborde?

D.K.: Laborde conoce su oficio de cantante desde muy joven y está metido en el tango desde mucho antes que yo. Nos fue uniendo primero algún trabajo compartido y luego la complicidad en ciertas inquietudes estéticas. El dúo fue creciendo a la par de otras cosas que nunca dejamos de hacer. En 2004 actuamos en el festival de tango de Buenos Aires. En 2006 editamos nuestro primer disco. Y este año salieron simultáneamente nuestro segundo CD en Japón y este «Tango Tango vol. 3» publicado en la Argentina. Y el plan siempre estuvo claro: aprovechar al máximo las posibilidades que da el diálogo entre el cantor y una guitarra, como pasa con los payadores o con cantores como Atahualpa Yupanqui. Con la Fernández Fierro, Laborde está acostumbrado a tocar con una orquesta grande; y yo suelo tocar con conjuntos instrumentales mayores. A ambos, el dúo nos propone un juego diferente.

P: Sin embargo, en este disco, hay muchos invitados, solistas o músicos para distintas formaciones.

D.K.: Pero nunca dejan de ser invitados. Este disco tuvo el aporte de gente invalorable, como Guillermo Fernández, Osvaldo Montes, Pablo Greco, Omar Mollo y unos cuantos músicos que se acoplaron en algunos temas. Pero la base está en el dúo. Ocurre que ya habíamos hecho totalmente solos ese disco que se publicó en Japón, y acá quisimos incorporar algunas otras cosas.

P: El álbum tiene dos curiosidades: la inclusión de un periodista «speaker» como Marcelo Guaita introduciendo cada tema y una versión muy larga y algo disparatada de «La cumparsita». Digame el porqué de ambas cosas.

D.K.: En cuanto a la presencia de Guaita, lo que buscábamos era recrear ese ambiente de reunión popular en los clubes, con su particular lenguaje y estilo de presentación; ese lugar de entretenimiento que el tango no debe perder. En algún sentido, lo mismo pasa con esa versión de «La cumparsita» improvisada y muy larga que está en el final del disco como un «bonus track». Es habitual que los músicos hagan esas cosas en los ensayos, jugando, calentando los dedos, divirtiéndose entre ellos, cambiando la letra, etc. «La cumparsita» es la pieza más usada para eso. De modo que simplemente quisimos hacer público algo que es habitual entre nosotros.

Entrevista de Ricardo Salton

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