Nueva York con ojos de inmigrante

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Paula Winkler «El marido americano» (Bs.As., Simurg, 2012, 160 págs.)

Este es un libro de preguntas. Una trama simple, ágil, para narrar la existencia de una argentina en Nueva York luego de su divorcio. Mediante secuencias que intercalan el presente con el pasado, Paula Winkler se las ingenia para presentar una protagonista - Carla - dueña de una personalidad tan fascinante como hermética. Pasar las páginas de «El marido americano» implica encontrar múltiples interrogantes sobre las relaciones humanas, la sociedad y la vida en general.

Al igual que en una novela de Paul Auster o de Peter Kuper, Nueva York se presenta más como una personalidad arrasadora y omnipresente que como un simple escenario. La Gran Manzana es el lugar que eligió Carla para exiliarse cuando la Argentina se incendiaba por la crisis económica del año 2001. Hija de una clase media acomodada de la ciudad de Buenos Aires, en Estados Unidos inicia una trayectoria sideral, que en pocos años la encuentra graduada con honores en la Universidad de Columbia y trabajando como abogada para uno de los estudios más importantes de Manhattan. Allí conoce a quien será su marido, Ron, un economista que tiene respecto al extranjero todos los prejuicios típicos de la cultura estadounidense.

El matrimonio de Carla se derrumba a la misma velocidad que su carrera corporativa. Es tan fuerte el giro que al lector le costará encontrar argumentos para entender esa debacle. Pasar de una vida soñada por el común de la gente a una realidad incierta. Pero esas cosas suelen suceder aunque en general no lo muestren las películas y series de «la fábrica de los sueños»

El resultado no es un escenario depresivo sino que, por el contrario, la protagonista, una persona vital, una porteña inteligente, ha dado un vuelco a su vida y ya «está buscando algo más». Carla se ha convencido de que el destino le depara algo distinto, aunque no sabe qué. Mientras tanto se emplea como traductora en una firma editorial y se hospeda en un hotelito. Carla vive un debate interno que tiene su contraparte en una realidad donde las acciones se narran con buen ritmo: el tramite del divorcio, una muerte inoportuna, el descubrimiento de la soledad y las nuevas amistades.

Si bien por momentos algunos diálogos no parecen verosímiles (tienen un estilo demasiado acartonado), la cuota de realismo se ve compensada por las descripciones fantásticas de Nueva York y la vida en ese supuesto «ombligo del mundo» que rompen con la habitual imagen idealizada. El subterráneo, la Quinta Avenida, los restaurantes, Central Park y los rascacielos infinitos cobran nuevos significados al ser descriptas desde la perspectiva no de una habitante más de Manhattan, sino por una inmigrante que cuestiona y en más de una ocasión no encuentra respuestas que la dejen satisfecha. «Nueva York no es Manhattan, pero Manhattan representa su lado más glamoroso. Los únicos que no necesitan ese lado glamoroso son los ilegales, los viejos, los mendigos, los desocupados, John Ford, los que desquician, los artistas y Truman Capote», comenta.

La narradora Paula Winkler, doctora en derecho, ofrece en su divertida novela un mosaico de emociones y pensamientos que es al mismo tiempo el reflejo de la puja interna que vive la protagonista, entre reinventar su vida o volver hacia alguno de sus pasados conocidos como quien precisa la tranquilidad de lo que ya es seguro.

Milton Merlo

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