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Nuevamente amor, otra vez sopa
Sin un guión que la sostenga, la gracia de Jennifer Aniston corre peligro en la comedia actual.
Su partenaire en este film es Aron Eckahart, que en trabajos como «Gracias por fumar» o hasta la comedia «Sin reservas» ofreció mejores resultados que en este. Sin embargo, el problema no radica en la dupla protagónica (motor de interés para que sus seguidores vayan a ver la película) sino en la falta de gracia del argumento.
Pese a la promesa de diversión de la publicidad, la película tiene mucho de drama e intenta divertir, sin lograrlo. Ahonda demasiado en las desventuras de varias personas a quienes, para colmo, por momentos burla y trivializa. El resultado es la falta de lógica interna en un film que queda a medio camino y no encuentra rumbo, aunque los varios personajes a la deriva no tarden en encauzarse.
El argumento se centra en un viudo que gracias a un best-seller sobre cómo superar la pérdida de su esposa, se convierte en el gurú de los libros de autoayuda. Y entre sus raptos de paranoia y depresión conoce a una florista que lo atrae. Desde el primer encuentro forzado, con discusiones exageradas por tratarse de dos desconocidos, todo avanza, sin demasiada coherencia, pues pasan pronto a tratarse como dos viejos amigos y confidentes. La película no tiene ni un chiste que cause gracia, ni siquiera los desencuentros y desajustes que torturan a la pareja protagónica, que hasta el final parecen sólo amigos por la carencia de química.
Para peor, el director los somete a tonterías cargadas de solemnidad, como cuando el gurú de la autoayuda camina sobre las brasas para enseñar una lección a sus alumnos del curso o secuestra un loro de la casa de los suegros por la promesa a la esposa muerta. No se llega nunca a un clímax, aunque se lo intente mediante la dilatación del romance central. Lo único creíble es que el consejero espiritual de moda reparte consejos para todos menos para él, algo bastante frecuente en la vida real.


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