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Obama exige al Congreso que en dos semanas vote la ley de salud
Barack Obama habló el miércoles de la reforma sanitaria con profesionales de la salud en la sala Este de la Casa Blanca.
Ese día, señaló ayer el vocero Robert Gibbs en una entrevista televisiva, Obama parte para una gira que incluirá Indonesia, Guam y Australia. «Creemos que estamos a tiempo para que se complete algo para entonces», explicó el portavoz, ratificando una información que había dado la prensa.
El diario The Washington Post indicó que «el plazo de la Casa Blanca significa que el Congreso tiene exactamente dos semanas para que la Cámara de Representantes apruebe el proyecto de ley del Senado, y luego apruebe una segunda ley que reconcilie las diferencias entre ambas versiones», es decir, la de la Cámara alta y la de Representantes.
La aceleración del proceso abre camino a la utilización del mecanismo excepcional de «reconciliación», que permite evitar la necesaria mayoría calificada de 60 votos sobre los 100 del Senado (ver aparte). Con menos de esos apoyos, la oposición republicana puede hacer uso de filibusterismo, que consiste en prolongar el debate indefinidamente e impedir la votación. Al perder en comicios recientes la banca que ocupaba el fallecido Robert Kennedy en Massachusetts, los demócratas perdieron esa mayoría calificada.
El líder de la minoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, alertó que si los demócratas optan por ese derrotero causarán la «ira» de la opinión pública.
En este contexto, Obama invitó ayer a miembros del Congreso a la Casa Blanca para continuar sus gestiones en favor de una reforma del sistema sanitario, mientras la secretaria de Salud, Kathleen Sebelius, continuaba las reuniones con directivos de las mayores compañías de seguro de salud privadas. El Gobierno les reclama por los sustanciales aumentos en las cuotas, en el marco de una libertad de mercado casi absoluta.
«Es la hora de tomar una decisión sobre cómo hay que reformar finalmente el cuidado de salud para que funcione no sólo para las aseguradoras, sino también para las familias y los números de EE.UU.», dijo Obama durante un acto con profesionales de la salud y funcionarios del Gobierno en la Casa Blanca.
En su discurso, el presidente demócrata delineó su propuesta modificada de reforma sanitaria, que, según dijo, incorpora elementos ya aprobados por ambas cámaras del Congreso y algunas ideas republicanas planteadas durante la cumbre de siete horas que tuvo lugar el jueves pasado entre legisladores de los dos partidos. En rigor, el proyecto de Obama se parece bastante a la versión del Senado, que excluye, entre otras cosas, la denominada opción pública, que significa la creación de una poderosa aseguradora estatal que ayudaría a fijar precio.
Aun cuando parece una meta improbable, Obama insistió en la necesidad del consenso para controlar los cerca de u$s 2 billones que el país invierte en salud.
La propuesta que impulsa el presidente pretende extender la cobertura médica a unos 31 millones de estadounidenses que carecen de un seguro y tendría un costo anual de u$s 100.000 millones.
Entre otros elementos, según la Casa Blanca, la propuesta pondría fin «a las peores prácticas» de las aseguradoras, como la denegación de la cobertura por condiciones médicas preexistentes, un argumento utilizado de forma laxa, según los críticos del sistema.
Un punto de desacuerdo «fundamental» con los republicanos, según admitió Obama, es hasta dónde ampliar la supervisión de las aseguradoras.
El mandatario, que la semana próxima continuará promoviendo la reforma en Pensilvania y Misuri, insistió en que «todos los argumentos han sido ya expuestos» y todas las ideas están sobre la mesa, por lo que no es necesario comenzar de nuevo el debate sobre la reforma, como proponen los republicanos.
Obama también rechazó la opción de implantar un amplio sistema controlado por el Gobierno porque, «aunque muchos otros países lo tienen, en EE.UU. no sería ni práctico ni realista».
Obviamente, también rechaza la solución, respaldada por la mayoría de los republicanos, de flexibilizar las regulaciones a la industria de seguros porque eso «sólo le daría aún más libertad de aumentar las cuotas y denegar el cuidado médico».
El debate nacional sobre la reforma sanitaria comenzó en marzo del año pasado.
Agencias EFE y DPA


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