6 de noviembre 2009 - 00:00

Obama golpea la puerta, pero Castro no la abre

Bisa Willians
Bisa Willians
Desde el embargo votado en 1963 por el Congreso en Washington, la relación con Cuba venía asomando como la punta del iceberg de la política estadounidense hacia América Latina. Hasta ahora. Es que a esa lectura sobre los movimientos de EE.UU. en su «patio trasero» también le llegó, con Barack Obama, su proceso de cambio. «Queremos disminuir esa especie de tensión que hasta hoy significó Cuba como centro del enfoque frente al resto de los países de la región», dijo a Ámbito Financiero Bisa Williams, subsecretaria adjunta del Departamento de Estado para el Hemisferio Occidental, y la principal delegada del presidente demócrata para explorar una apertura de las relaciones con el régimen castrista.

«Ese enfoque concentrado en Cuba provocaba críticas a EE.UU.», añadió Williams en una entrevista telefónica. Ella cree que la relación con Cuba «no debe interferir o molestar en nuestro vínculo con los otros países del Caribe, Centroamérica y Latinoamérica».

Setiembre marcó un cambio de enfoque. Fue cuando Bisa Williams llegó a La Habana para tratar, entre otros temas, la reanudación del servicio de correo directo entre los dos países. No sólo fue ése el viaje inaugural de la funcionaria a la isla (aunque antes había estado en Guantánamo) sino el primero, en siete años, de un diplomático estadounidense de tan alto rango. Su estadía en Cuba de un par de días previstos se extendió a seis, e incluyó, además de reuniones con funcionarios del Gobierno de Raúl Castro, el traslado a Pinar del Río para conocer las condiciones de sus habitantes después del paso de varios huracanes, una reunión con miembros de la sociedad civil (políticos disidentes, prisioneros de conciencia, Damas de Blanco e intelectuales) y la concurrencia, como una «fan» más, al concierto del cantante Juanes en la Plaza de la Revolución de la capital. O la visita en la cárcel a un preso de doble nacionalidad (hasta ese momento vedado a diplomáticos de EE.UU.), hecho que instaló otro precedente en las relaciones.

Algunos interpretan estas novedades o «apertura» del castrismo durante la visita de Williams como la respuesta al levantamiento, desde Washington, a las restricciones a cubano-estadounidenses para viajar a la isla y al envío de remesas, además del permiso a empresas «gringas» para negociar contratos de comunicaciones con Cuba. Otros, como Tomás Bilbao, director del Cuba Study Group, consideran que «no es un tema de respuestas sino de que la política de la administración Obama es la de romper con el aislamiento».

En el Departamento de Estado, sin embargo, habría algunos reparos. «Ya le dijimos al Gobierno de Cuba que son varios los actos que pudieron hacer para mostrar, no sólo a los EE.UU., sino al mundo, que ellos desean una nueva relación con los demás, con nosotros o con quien sea», dice Bisa Williams. «En el pasado hubo mucha distancia y otro tipo de retórica», aclara la funcionaria. «Nosotros hemos cambiado la retórica, y Cuba, aunque más lentamente, va cambiando la suya», prosigue. Por eso es que «vamos a seguir insistiendo y eso ya lo dijo el presidente Obama: Con la retórica no basta. Tenemos que lograr hechos concretos», señaló la subsecretaria a este diario.

Ante la consulta de Ámbito Financiero, una alta fuente del Departamento de Estado no se guarda la lista de hechos concretos que permanecen en «stand-by». «Todavía el Gobierno de Cuba tiene más de 200 prisioneros de conciencia en sus cárceles», dice. «Firmaron dos convenios con Naciones Unidas pero aún no los ratificaron; dijeron que iban permitir la llegada de asesores de varios organismos de derechos humanos pero todavía no lo concretaron; prometieron mayor acceso del ciudadano cubano a internet y a la información pero está sucediendo lo contrario; no sólo están cerrando el acceso a sitios sino que prohíben la comunicación entre cubanos dentro de la isla», termina.

¿Hay plazos para concretar esos «hechos concretos»? «Desafortunadamente, cuando les pedimos que nos dieran plazos, el gobierno de Cuba no quiso hacerlo», responde un vocero de alto rango del Departamento de Estado. Y pasa a describir, a modo de ejemplo, uno de los programas de cooperación que el Gobierno de La Habana decidió dejar en un limbo. «Les ofrecimos un programa de educación en EE.UU. para 27 jóvenes cubanos, que duraría un año a partir de este ciclo escolar», relata. «Algo pequeño, como para comenzar, pero el Gobierno de Cuba no lo quiso autorizar». De acuerdo con esta fuente, en la visita de Williams a la isla las autoridades cubanas habrían pedido más información a las estadounidenses sobre el programa. Una puerta entreabierta, «pero sin plazos», aclaran.

«El problema con este estadio de la relación bilateral es que en Cuba no saben cómo responder al trato amable y no agresivo de la administración Obama», afirmó Alfredo Durán, nacido en Cuba y desde hace 30 años dirigente político del Partido Demócrata en Florida.

«También dentro de EE.UU. la política de Obama trae problemas», aclara José Manuel Palli, director de Cuba Legal Forum. «Si en el Congreso se votara a favor de levantar las restricciones que impiden viajar a Cuba a los estadounidenses nativos y sin raíces cubanas, la relación de fuerzas jamás volvería a ser la misma y se despejaría el camino hacia una mejor relación bilateral», dijo este abogado en referencia al proyecto de ley que ya cuenta con el patrocinio de referentes demócratas, como el senador Richard Luger, pero que por el momento es vetada por otro demócrata influyente en Capitol Hill, el senador Bob Menéndez.

Mientras tanto, la nueva política exterior hacia Cuba sigue su marcha. «Buscamos condiciones de vida democrática para los ciudadanos cubanos y además mostrarle al Gobierno de Cuba que en algunos temas o asuntos específicos podemos avanzar, aun solos, en la búsqueda de mayor confianza», concluye Bisa Williams.

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