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Obama mira a la región con un cristal empañado
Hillary Clinton
Mientras la región aguardaba una versión siglo XXI de la Alianza para el Progreso, tres hechos han ido tiñendo esas esperanzas. El primero con Honduras, dejando un sabor amargo a una región que ha luchado como pocas para instalar la democracia de manera estable y duradera. El segundo, con la decisión nunca del todo aclarada sobre el alcance de las bases en Colombia. El tercero, al trasladar a América Latina un conflicto que no existe para la región en términos de influencia estratégica, como es el de Irán.
Desnuclearizadas
América Latina fue la primera zona desnuclearizada del mundo: el Tratado de Tlatelolco, anterior al Tratado de No Proliferación, es clara muestra de ello. Como lo es también el compromiso de todos los Estados contra la proliferación de armas nucleares y en defensa de los usos pacíficos de la energía nuclear. Ninguna otra región del mundo ha hecho y hace tanto como América Latina en materia de no proliferación. Todos los países han sostenido y sostienen que Irán debe aceptar, sin excepción ni condiciones, el mismo sistema de salvaguardias internacionales de la AIEA (Agencia Internacional de Energía Atómica) al que es sometido cualquier otro Estado con tecnologías similares.
América Latina también ha sido una región que ha dejado en claro un rechazo firme y categórico al terrorismo. La Organización de Estados Americanos y toda otra reunión regional son testigos de una acción y un compromiso unánimes en ese sentido. La lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y toda forma de crimen organizado son priorida-
des comunes en la agenda regional.
Sorprendente
En ese contexto, resultan sorprendentes y casi injustificables los conceptos de la secretaria de Estado de Estados Unidos, en particular porque condiciona la voluntad común de la región de un nuevo grado de relacionamiento. Estados Unidos debería saber, a un año de haber asumido Obama, que ningún rincón es una amenaza a los intereses estratégicos de Estados Unidos aunque muchos países no coincidan con muchas de las políticas que continúa implementando a escala global. Irak y Afganistán pueden ser ejemplos y hay razones fundadas para ese escepticismo.
Confundir los cristales con que se mira, transpolar temas u otras experiencias y ver a América Latina como si estuviera ubicada en otra geografía puede ser una equivocación de apreciación con consecuencias inesperadas. Es de esperar que el próximo viaje de Arturo Valenzuela permita desempañar esas visiones y ordenar el diálogo constructivo a establecer.


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