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Obama se acerca al año y decepciona a América Latina
Barack Obama se presentó ayer sin anuncio previo en un centro comunal en el noreste de Washington para leer pasajes del libro navideño «El expreso polar» a un grupo de niños de seis a ocho años. El presidente confía en obtener antes de Navidad su ley de reforma del sistema de salud.
El nuevo Gobierno de EE.UU. arrancó con fuerza en América Latina. Hubo visitas oficiales a la región tanto del presidente como de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y aún se recuerda vivamente la promesa de Obama de forjar «una alianza de iguales» en la V Cumbre de las Américas, en Trinidad y Tobago.
Todo «eso creó la sensación de que habría grandes cambios, pero después se implantó la realidad», indicó Peter DeShazo, director del programa de las Américas del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) y ex subsecretario de Estado adjunto de EE.UU. para América Latina.
En los últimos meses, la retórica de los líderes latinoamericanos hacia Obama y su política exterior ha subido de tono, especialmente después de junio, cuando se registró el golpe de Estado en Honduras y se conoció el acuerdo de cooperación militar entre Washington y Bogotá por el que tropas estadounidenses pueden usar bases colombianas. Precisamente, uno de los principales puntos de fricción es ese acuerdo militar, que fue recibido por varios líderes de la región, entre ellos el presidente venezolano, Hugo Chávez, como una «amenaza» para la seguridad regional.
El otro punto se desató cuando Washington cambió, a ojos de la región, su postura sobre la crisis hondureña, generada tras el derrocamiento de Manuel Zelaya, y apoyó y aceptó como legítimas las elecciones del pasado 29 de noviembre, cuyos resultados no son aceptados por gran parte de la comunidad internacional.
Sobre la relación con EE.UU., el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo el mes pasado que Obama se olvidó de la región y reclamó más atención de Washington para Latinoamérica; mientras que Chávez opinó que el discurso conciliador del mandatario estadounidense ha sido «puro cuento», y el líder boliviano, Evo Morales, aseveró que Obama «es peor» que George W. Bush.
Según Michael Shifter, del Diálogo Interamericano, el supuesto cambio de posición de Estados Unidos acerca de la crisis hondureña, junto a la polémica de las bases, han creado «un mal sabor» y «cierta irritación» en las relaciones interamericanas, y han agriado el buen clima que se había generado en Trinidad y Tobago.
El nuevo secretario de Estado adjunto para América Latina, Arturo Valenzuela, admitió recientemente que hay «divergencias y serias diferencias de fondo» entre EE.UU. y Latinoamérica, pero insistió en que hay más consensos de los que se piensa.
Para DeShazo, parte de la decepción actual se debe al tamaño de las expectativas creadas que, «probablemente eran difíciles de cumplir». Y no hay que olvidar que, si bien Latinoamérica es importante para EE.UU., nunca ha sido una «gran prioridad» para Washington.
De esta opinión es también Cynthia Arnson, directora del Programa de América Latina del Centro Woodrow Wilson, para quien la decepción era «inevitable» debido tanto a lo alto que estaba el listón como a la pretensión de que «Latinoamérica se convirtiera en una mayor prioridad».
Arnson reconoció que todo ese «entusiasmo y sentimiento positivo» que había en la región con la llegada de Obama «ha disminuido».
No en vano, recalcaron tanto DeShazo como Arnson, la ejecución de la renovada política de EE.UU. en la región se retrasó casi un año, dado que Valenzuela no pudo asumir el cargo hasta noviembre porque un senador republicano bloqueó su confirmación durante meses en rechazo a la respuesta de Washington a la crisis de Honduras.
Durante todo este tiempo, «no ha habido realmente una política» hacia la región, sino decisiones sobre la marcha aplicadas a casos concretos, «básicamente impulsadas por la inercia», dijo Arnson.
De todas formas, si bien, en opinión de esta experta, «éste no ha sido un año excepcional, tampoco ha sido otro (año) de desastre», en referencia a la política del anterior Gobierno.
«Obama sigue siendo muy popular en la región», dado que el 71% de los latinoamericanos tiene una opinión muy o algo favorable del presidente estadounidense, según el último Latinobarómetro, afirmaron ambos.
DeShazo ve continuidad en algunos aspectos, pero también diferencias -como en el caso de Cuba- en la política hacia Latinoamérica del ex presidente George W. Bush y de Obama.
Agencia EFE


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