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Obama se juega esta semana su reforma de salud
Barack Obama se juega buena parte de su credibilidad en su capacidad de infundir a los estadounidenses la sensación de que la amenaza terrorista está bajo control y de lograr el aval del Congreso a sus planes de reforma sanitaria.
Para ello incluso aplazó tres días su viaje a Indonesia -considerado clave de cara a las relaciones con el mundo musulmán- para poder seguir presionando en casa por una reforma que hacia fin de semana podría ser sometida a voto en el Congreso, el primer paso crucial del proceso final que lleva más de un año centrando la vida política del país.
El mandatario norteamericano visitó el lunes Ohio para promover su propuesta de reforma con un tinte más personal que lo aleje del «burócrata» de Washington que tanto espanta a muchos estadounidenses.
Allí, no sólo pronunció un discurso en el que repitió todos los argumentos a favor de cambiar un sistema «insostenible» que sólo beneficia a las aseguradoras y que, subrayó, ya no tiene nada más que discutir ni existen más argumentos que poner sobre la mesa.
También lanzó una advertencia a Wa-shington, subrayando que en el debate del sistema de salud está en juego mucho más: «Nuestra capacidad de resolver cualquier problema», sostuvo.
«Los estadounidenses quieren saber si Wa-shington puede todavía proteger sus intereses y su futuro. Están esperando que actuemos. Están esperando que lideremos», alertó a sus colegas políticos en la capital, a los que llamó a tener «valor» para «aprobar la reforma» que, aseguró, está «ansioso» de firmar.
En un esfuerzo por rebatir los argumentos republicanos de que los estadounidenses no quieren una reforma sanitaria «socialista», Obama incluso le dio al viaje una nota «humana» al incluir en su visita el hospital donde está internada una enferma de cáncer que tuvo que renunciar a su seguro de salud por las altísimas primas que le hacían pagar por sus antecedentes médicos y que se enfermó justo después de quedarse sin cobertura.
Y apeló incluso al caso de su propia madre, quien «en sus últimos seis meses de vida se la pasó al teléfono desde la habitación de su hospital discutiendo con las aseguradoras cuando debería haber pasado ese tiempo con su familia».
Con todo, son argumentos e historias personales que abundan en un país con unos 30 millones de habitantes sin cobertura médica y que muchos llevan oyendo demasiados meses, por lo que está por ver si estos últimos esfuerzos le darán a Obama el impulso que necesita para lograr su reforma.
Aunque desde la Casa Blanca se aseguró en los últimos días la «confianza» en lograr el suficiente número de votos, voces demócratas en la Cámara de Representantes, adonde se espera llegue la propuesta de ley a finales de semana, advierten que las cuentas todavía no cierran del todo.
Se trata de una carrera contra reloj frente a una oposición republicana que, en palabras del líder de la minoría en el Congreso John Boehner, hará «todo lo posible para hacerles difícil (a los demócratas), si no imposible pasar la ley».
Y aunque se lograra pasar el primer obstáculo de la Cámara baja, todavía quedará el grandísimo reto del Senado, donde los demócratas quieren recurrir a un truco de tramitación para que el proyecto de ley pueda ser aprobado con una mayoría simple de sólo 51 votos en lugar de los 60 requeridos normalmente, ya que tras perder el escaño de Massachussets en enero a manos de un republicano, ya no cuentan con esa mágica cifra de senadores que les aseguraría la votación.
Para Obama resulta vital lograr que se apruebe de una vez su programa estrella, no sólo porque está en juego su credibilidad, sino porque el interminable debate sobre la salud ha frenado todos sus demás proyectos, incluido el de la reforma migratoria que le reclaman los grupos proinmigración y que le dio un empujón definitivo a su victoria electoral en noviembre de 2008.
Además, señaló ayer The Washington Post, «esta urgencia (por pasar la reforma sanitaria) demuestra el creciente consenso entre líderes demócratas que resulta clave para limitar los daños al partido durante las elecciones de medio término de noviembre», en que se renovará todo el Congreso y un tercio del Senado y donde el partido en el Gobierno teme nuevas pérdidas tras la bofetada que supuso perder Massachussets, un feudo demócrata durante décadas que mantuvo el fallecido Edward Kennedy.
Agencia DPA


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