29 de diciembre 2011 - 00:00

Objetivo de Boudou: monitorear economía

Amado Boudou
Amado Boudou
Amado Boudou no hizo a tiempo para acondicionar el despacho del vice en la Casa Rosada. La oficina, prologada por una antesala, está en el primer piso y es una postal de la ruptura de los Kirchner con Julio Cobos: inhabitada desde 2008, acumuló encierro, abandono y goteras.

Sin apuro, se la comenzó a refaccionar para que la utilice Boudou: una señal -otra- de que el vínculo de la Presidente con su vice tendría la cordialidad que no tuvo, por el estallido de las 125 y el voto no positivo, en los tiempos del vice mendocino.

Todavía el exministro de Economía, que el miércoles -quizá el martes al atardecer- asumirá el mando formal de la presidencia durante los 20 días de licencia por enfermedad que se tomará Cristina, es un visitante en Balcarce 50. Cauto, se replegó en el Senado.

Como presidente interino, Boudou deberá resolver su entuerto inmobiliario. En Gobierno, ayer se anticipaba lo que se proyecta como una obviedad: que no se alojará en el despacho presidencial y que su estadía en la Casa Rosada será puntual y episódica.

En rigor, en los días de convalecencia de la Presidente, Boudou transitará -al menos simbólicamente- otro edificio: el Palacio de Hacienda, que habitó hasta el 9 de diciembre. Todo se explica. El vice fue notificado de que su mandato específico será monitorear la economía.

Toda una metáfora K: en el modelo de los Kirchner, el presidente oficia en simultáneo como ministro de Economía. Al punto de que Boudou rastreó ayer junto Hernán Lorenzino los vaivenes del Mercado para detectar alertas tras la noticia de la enfermedad presidencial.

Fue una jornada neutra. El Central recuperó reservas.

Veinte días atrás, Cristina de Kirchner se jactó de haber soportado cinco minicorridas. Ese frente permanece agitado y vulnerable. Precavido, el Gobierno advierte que la convalecencia presidencial podría detonar una nueva crisis con el dólar. Por eso, durante su interinato, Boudou se enfocará en la agenda económica junto a Lorenzino, la titular del Central Mercedes Marcó del Pont y Ricardo Echegaray de la AFIP, scrum que interactuó en noviembre durante la amenaza de estampida del dólar.

Con la Presidente postrada -se esperan, como mínimo, 24 horas de incomunicación- el vice coordinará un comité preventivo. Las eventualidades políticas, trascendió en círculos K, se atenderán en otras ventanillas: la de Carlos Zannini y la de Juan Manuel Abal Medina.

En Olivos, en simultáneo, estará activa otra usina de cristinismo explícito: Máximo Kirchner se instalará en la quinta presidencial durante los días en que su madre estará internada.

Se sindica al hijo mayor de la Presidente como el ejecutor invisible del castigo ejemplificador a Boudou. El vice aprendió la lección: se apartó raudamente del radar público y canceló sus maniobras de expansión política o, al menos, redujo su visiblidad.

Sus 20 días de simbólica permanencia en la presidencia serán una prueba: es imposible concebir que haga el mínimo movimiento u ostentación que alimente la ferocidad de los que lo combaten, adentro y afuera. Es más: los aprovechará para demostrar obediencia y lealtad.

En estos años, los Kirchner dejaron a su paso señales para hacerse entender. A poco de asumir como presidente, el patagónico viajó al exterior. Daniel Scioli quedó a cargo y se instaló en Casa Rosada para recibir las cartas credenciales de embajadores.

Enterado, Kirchner ordenó, furioso, que su vice se retire de Balcarce 50.

Ayer, Cristina de Kirchner se mostró sólida: en la charla con sus ministros, de los que se despidió hasta fines de enero, transmitió calma y pidió serenidad. Antes les avisó que tenían que suspender sus vacaciones. Luego se reunió con Boudou y con Carlos Tomada.

El mandato presidencial se aplicó, en algunos ministerios, con anexos: Florencio Randazzo canceló, además, la agenda de actividades del Plan de Seguridad Vial y DNI programada en la Costa.

Menos extrema, la Presidente planificó una puesta en escena y un libreto que la muestre entera: además de los dos actos públicos, exploró nuevas refutaciones a los gremios que responden a Hugo Moyano, a quienes acusó de buscar más privilegios que derechos.

Un dato desentonó en ese guión. Por primera vez Cristina pidió el respaldo de los gobernadores -encabezados por Scioli y el cordobés José Manuel De la Sota) y los intendentes. Desde la 125, cuando Kirchner los convocó durante la guerra gaucha, la Presidente no emitía un pedido tan explícito de colaboración.

Dejá tu comentario