El plan Obama busca ampliar el seguro de salud a 36 millones de estadounidenses que carecen de él. Según datos oficiales, las personas sin cobertura llegaron a 46,3 millones el año pasado.
Crea un plan de seguro estatal que competirá con los privados. Se calcula que 6 millones de personas optarán por esta posibilidad, pero el sector privado teme una fuga mayor de afiliados.
Prohíbe a las aseguradoras privadas negarse a extender una póliza a personas que sufren una enfermedad, ni cobrar más a otras de acuerdo con su historial médico.
Otorga subsidios a los ciudadanos de bajos ingresos para el pago del seguro.
Las empresas grandes tendrán que dar cobertura de salud a sus empleados y pagar al menos un 72% de su costo para los trabajadores solos y un 65% para los que tienen familia.
Las empresas con gastos de personal mayores que medio millón de dólares al año que no proporcionen cobertura de salud a sus empleados se enfrentarán a sanciones de entre el 2 y el 8% de la masa salarial.
La expansión de los programas del Gobierno prevista en el proyecto costará en diez años u$s 894.000 millones.
Para costearlo, se aplica un impuesto del 5,4% a las personas que ganan más de 500.000 dólares al año sobre sus ingresos que sobrepasan esa cantidad.
Este gravamen significará una recaudación de 460.500 millones de dólares en diez años. Se impone asimismo un gravamen del 2,5% a la venta de aparatos médicos.
Limita algunas desgravaciones que benefician a multinacionales, así como una deducción fiscal estimada en 25.000 millones de dólares que disfrutan las empresas papeleras.
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