5 de enero 2015 - 00:00

Obra de Cetner permite apreciar su excelente manejo de la pintura

Cada uno de los paneles que conforman la enorme obra de 25 metros de Eduardo Cetner permite ver el proceso de su pintura y la composición muy realista. Otra de las “escenas” de “La gran bajante”, obra que ratifica que el artista no busca otra cosa que perfeccionar la búsqueda pictórica.
Cada uno de los paneles que conforman la enorme obra de 25 metros de Eduardo Cetner permite ver el proceso de su pintura y la composición muy realista. Otra de las “escenas” de “La gran bajante”, obra que ratifica que el artista no busca otra cosa que perfeccionar la búsqueda pictórica.
 "La Gran Bajante" o "Entre el Río y el Cielo" es una gigantesca pintura de 25 metros, dividida en 10 paneles de 1.80 x 2.50 metros que ocupa la galería principal del Paseo de las Artes Duhau.

Su autor, Eduardo Cetner (1956), contó con el apoyo de amigos de su adolescencia quienes como verdaderos mecenas aportaron toda la infraestructura: taller, telas, óleos, publicidad y apoyo económico además de presenciar el desarrollo de esta obra monumental desde su génesis, obra que Cetner confiesa haber soñado hacer.

Conocimos su quehacer cuando pintó una serie relacionada con los inmigrantes llegados a estas tierras: el sepia, los intensos amarronados característicos de los daguerrotipos, la moda del siglo XIX y comienzos del XX, parecían fotos de pose muy relacionadas con la memoria y la nostalgia.

Afortunadamente incluyó algunas obras de distinto tamaño de esas series, lo que permite ver el proceso de su pintura, el excelente manejo del óleo y la composición muy realista .

Posteriormente realizó una serie "Paisajes Aparentes" (2010). Comenzó entonces a despojar los espacios de figuras humanas, ese retrato de pose que comentamos, para dar lugar a un espacio donde el cielo es protagonista.

Aquí instaló figuras, pocas, generalmente de espaldas mirando al horizonte y esa cámara fotográfica deviene una cámara de filmación en la que captaba situaciones insólitas y de ese sepia pasó al blanco impoluto de la vestimenta, de las nubes, un paisaje desértico , desolado.

En la serie actual compendia su visión de los cielos y la línea del horizonte que, en realidad, es el río en retirada. El artista señala que los primeros planos se van haciendo más húmedos y utiliza una expresión muy española, "agua pandita" o muy poco profunda, adquirida en sus varias y largas estadas en España, que va reflejando el cielo, casi como un espejo.

Están los restos de espigones o amarraderos, una interpretación libre de la bajante como puede verse en ciertos grabados o litografías antiguas de la Colonia.

Cielos muy claros y transparentes que se van transformando por el ingreso de nubes en cielos más activos, virando hacia amarillos y dorados, es decir, más cálidos hasta llegar a una tonalidad verdosa.

Cetner los pinta gestualmente, velozmente, acompañando la mancha inicial. Construye sus personajes más meticulosamente pero sin quedar preso del dibujo, enfatizando lo lumínico. A pesar de que podría considerárselo un mural, cada cuadro es autónomo, no están relacionados, no es una historia con principio y fin, sólo un escenario donde suceden cosas.

Cetner no busca otra cosa que perfeccionar la búsqueda pictórica. ¿Es un objetivo ya pasado de moda de acuerdo al canon actual de que el arte es puro espectáculo como se sostiene en los círculos dominantes que dictan estrategias en las que lo especulativo es esencial?

Cetner todavía cree en aquello de la trascendencia estética.

Clausura a fines de febrero.

Av. Alvear 1661.

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