En un pueblo rural del Japón de fines de siglo XIX, una mujer casada comienza una relación con un hombre más joven, que celoso del marido, decide que deben asesinarlo. Lo hacen, arrojan el cadáver en un pozo, y siguen encontrándose a escondidas para no levantar sospechas, lo que de todas maneras ocurre. Pero lo peor de esta pesadilla de amor fatídico es la aparición del fantasma del muerto para acosar a la pareja de amantes. Menos conocida que la ultraviolenta y explícita "Ei imperio de los sentidos", ésta tal vez sea la mejor película de Oshima, que apeló a un relato tradicional sobrenatural para exhibir una inusitada precisión narrativa. Las imágenes a cargo del director de fotografia Yoshio Miyajima son fascinantes, y la música de Tôru Takemitsu es una obra maestra por si misma.
| D.C. |



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