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Obras de gran calidad pero sin riesgo en el Premio Banco Nación
“Sin Título”, de Adrián Paiva, Primer Premio Area Metropolitana del prestigioso certamen, que este año distinguió obras y artistas de excelente nivel, pero con esquemas repetidos que pudieron haber sido exitosos en premios anteriores.
A la convocatoria se presentaron más de 1000 postulantes y el jurado compuesto por Ana María Battistozzi, Tomás Bondone, Juan Doffo, Mónica Millán y Liliana Piñeiro seleccionó 72 con la curaduría de Eduardo Stupía, que se exponen en la Casa Nacional del Bicentenario (Riobamba 985).
Entre los objetivos de este Premio están la difusión de la obra de los artistas seleccionados y el otorgamiento de los premios adquisición que contribuyen a acrecentar la colección del Banco.
La versión 2015, con algunas excepciones, revela esquemas repetidos que pudieron haber sido exitosos en premios anteriores o en otros correspondientes a instituciones tanto oficiales como privadas. En general, no hay obras que susciten alguna discusión o polémica; están la mayoría de ellas en esa zona de confort - expresión muy usada actualmente- que no da lugar a posiciones encontradas, saludables para el arte como factor de crisis, que evita la seducción, que invite al debate y rompa con los esquemas repetitivos ya mencionados.
El Primer Premio (Area Metropolitana) le correspondió a Adrián Paiva (Buenos Aires, 1971), "Sin Título", óleo, 160 x 200 cm, un paisaje compacto de lianas que reptan y sumergen al espectador en una zona boscosa, predominio de azules intensos, pintura vital que recorre el espacio a la manera de arterias.
El Primer Premio (Area Provincial) le fue otorgado a Eduardo Lascano (Córdoba, 1960). "Diálogo 2°", técnica mixta s/tela, 150x180 cm, responde a una imagen conocida de este artista. Son silos que asoman en el espacio urbano, formas hieráticas, monocromáticas, sombrías. Las primeras obras que le conocimos estaban atravesadas por brumas o nubes. Más adelante, las superficies se volvieron más texturadas y, actualmente, desarrolla un sistema de signos y pequeñas figuras a manera de inscripciones que una lectura atenta revela en diferentes posiciones, con un arma en la mano, en actitud violenta.
Juan Astica, artista de vasta trayectoria y ganador de numerosos galardones obtuvo el Segundo Premio por "T1501001", óleo s/ tela, 200x200cm. Astica puede pasar del protagonismo del negro al blanco en superficies cromáticas texturadas que se interrumpen con pinceladas gestuales. La obra presentada quizás marca un cambio, es una masa compacta hipercolorística a manera de un palimpsesto casi imposible de decodificar.
El Tercer Premio fue para Ignacio Valdez por "Sin Título", óleo sobre tela, 200 x 200 cm, una variación de recursos plásticos que resume , a nuestro entender, las investigaciones de Kandinsky acerca de los colores analizadas poéticamente y en la que también señala que "uno de los primeros pasos en el reino de lo abstracto consiste en excluir la ilusión espacial en la que se obliga al espectador a olvidarse de sí mismo y a perderse en el cuadro...".
Martín Ruete recibió el Premio Iniciación por "Interior 6", óleo s/tela, 105x100 cm. Despojado, silencioso, los protagonistas, frente a un ventanal, son sillones vacíos, una lámpara, cuadros. Podría tomarse como un ejemplo de una revista de decoración de los años 50 o 60. Pero la imaginación permite pensar que allí se tomó alguna decisión que afectó a uno o quizás varios seres ya ausentes.
Se otorgaron cinco Menciones y entre los artistas no premiados que integran la muestra destacamos la obra de Hernán Salamanco, Elsa Soibelman, Mariano Sapia, Leila Tshopp, Eduardo Médici, Horacio Sánchez Fantino, Edgardo Murillo.
Hasta el 30 de julio puede visitarse una muestra imperdible en la Galería de Arte Alejandro Bustillo del Banco Nación ( Rivadavia 325, Hall Principal en su P. B.)
Battle Planas
"Formas Breves", obras nunca expuestas realizadas entre 1950 y 1960 de Juan Battle Planas (Torroella de Montgri, Cataluña,1911- Buenos Aires, 1966) nos remite al poema corto de 17 sílabas que se denomina "haiku", una de las formas poéticas más breves y extraordinarias de la poesía japonesa que busca suprimir el dualismo del arte y la vida. La vía de la sugerencia, de la intuición inmediata son afines al haiku. Aproximar una emoción que a menudo establece una anexión estética visual. Ejemplo de esto sería: "¿Flor caída/retornando al árbol? /¡Oh, es una mariposa!". Otro ejemplo: "En el jardín/Blanca/La camelia en flor".
Esta asociación que nos permitimos se debe a las características de estas obras concisas, intimistas, esenciales, para "mirar" y "dialogar" sin apuro, deleitarse con estas témperas (Battle Planas fue un gran maestro en esta técnica) que combinaba con collage, manchas, frottage y , según Tulio de Sagastizábal, autor del texto del pequeño catálogo, "un grafismo persistente como escritura que adjetiva, que sensibiliza, que narra a la mirada un pensamiento que no asoma aún y ya estremece el campo que recién se afirmaba".
Formas breves, momentos breves y silenciosos para admirar una poética, una mística de un artista que abrevó en la filosofía Zen, en la psicología de la forma, en Wilhelm Reich, la orgonomía y las doctrinas psicoanalíticas, en lo esotérico, en Leonardo, Grünewald, el arte catalán, en el automatismo que "le permitió ir lejos y penetrar muy hondo en los extraños comportamientos del alma", el surrealismo del que se reconocía fiel seguidor, el tango, el mate, las calles Victoria, Matheu, los compañeros de la plaza Once y de la Isla Maciel.


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