Pasaron casi tres semanas desde que el mandatario venezolano sorprendiera al mundo con su particular medida contra la desmesurada inflación (54,3% anual en octubre), y el frenesí de largas colas y compras compulsivas que se desató en ésta y muchas otras tiendas del país ha ido cediendo a medida que se agotaban los productos, rebajados hasta en un 70%.
"Acabaron con todo, y ahora no sé cómo podremos reponer los productos", declara la encargada de esta tienda en una calle comercial del este de Caracas, mientras controla a las decenas de compradores que entran y salen, algunos visiblemente decepcionados, con las manos vacías.
De las paredes desnudas cuelgan los cables que antes conectaban los TV de plasma o LCD, los productos más codiciados por los clientes, y los equipos de música, lavarropas y heladeras están casi todos vendidos. Ya sólo quedan "electrodomésticos menores", como radios portátiles, licuadoras, batidoras, máquinas de afeitar o ventiladores.
Un puerta conduce a un pequeño almacén, de unos 60 metros cuadrados, que opera a una décima parte de su capacidad. "Si el Gobierno no nos da dólares o al menos se los da a los proveedores para que puedan importar no sé qué haremos", explica María.
La encargada se muestra escéptica ante las promesas del Gobierno de que la reposición de electrodomésticos está garantizada, con anuncios como la importación de 400.000 artículos de Samsung.
Sin embargo, para el economista Luis Vicente León, presidente de Datanalisis, las decisiones de Maduro "no son espontáneas sino producto de una planificación y es obvio que intentarán rellenar anaqueles de reposición".
"La sustitución de importaciones privadas por públicas no resolverá el problema de fondo y sólo hará el sistema más ineficiente", escribió en Twitter, crítico de los controles de cambio y precios en Venezuela.
La rebaja de precios, que empezó con electrodomésticos -con la intervención de la cadena de tiendas Daka- y siguió en rubros como ropa, juguetes y repuestos de automóviles, llegó en plena temporada prenavideña, cuando los venezolanos cobran sus aguinaldos y a pocas semanas de las elecciones municipales.
A pesar de los llamados de Maduro a moderar el consumo, la avidez de productos se vio favorecida también por la expansión de la liquidez monetaria, un 71% superior a la de hace un año, y la ampliación del límite de las tarjetas de crédito de algunos bancos.
El Gobierno acusa a algunos comerciantes de subir artificialmente los precios, en ocasiones hasta un 1.000%, pero éstos atribuyen la inflación al férreo control cambiario: se quejan de que no reciben suficientes dólares oficiales, a 6,30 bolívares, con lo que se ven obligados a adquirir divisas en el mercado negro -cuya tasa es más de ocho veces superior- para importar o comprar a los proveedores, cuyos precios a veces están fijados según el dólar negro.
A la preocupación por los inventarios se suma la de cómo hacer rentables los comercios tras la entrada en vigor de la ley -decretada por Maduro con los "superpoderes" que le dio la semana pasada la Asamblea- que fija los márgenes de ganancia de los productos entre un 15 y el 30%.
"Es muy difícil mantener una tienda con esos márgenes y unos costos tan elevados de salarios, condominio... El Gobierno dijo que iba a bajar los alquileres de los locales comerciales un 30%, pero de momento no hemos tenido noticias", explica un encargado de la tienda de ropa y material deportivo Proplayer Sports Store, que también prefiere mantener su nombre bajo reserva.
| Agencia AFP |


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