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Ocaso del vendedor de aspiradoras que pasó a ser multimillonario
El primer ministro conservador, quien ha estado en el poder desde 2001 con una interrupción de dos años, de 2006 a 2008, llegó a la política en 1993 tras los escándalos por corrupción de Manos Limpias, que arrasaron con la clase política de entonces. El multimillonario italiano, que forjó de la nada su fortuna, una de las mayores de Europa, con un estilo caracterizado por ataques y provocaciones a sus enemigos políticos, llega a su ocaso político con una popularidad que cae en picada, situándose en un 22%, su mínimo histórico. La desastrosa gestión de la grave crisis económica por la que atraviesa Europa afectó negativamente la imagen de Berlusconi, quien sufrió en las últimas semanas varias defecciones, en una prolongada agonía política.
Silvio Berlusconi nació el 29 de septiembre de 1936 en una familia acomodada de Milán. Desde la adolescencia mostró su vocación por los negocios cuando estudiaba en el colegio de los salesianos. Animador de locales nocturnos en el balneario de Rímini, capaz de fascinar a turistas durante los cruceros, siempre ha contado con un grupo de amigos íntimos, como Fedele Confalonieri, a quien confió las riendas de Mediaset, la poderosa empresa de televisión de su imperio industrial Fininvest, que comprende 500 sociedades.
Carrera imparable
A finales de los años 50 se dedicó a vender aspiradoras y en 1961 se graduó en Derecho y se dedicó al sector de la construcción, donde comenzó una imparable carrera. En 1993 se lanzó a la política y un año más tarde ganó las elecciones generales. En pocas semanas creó un partido, Forza Italia, compuesto en su gran mayoría por ejecutivos de Fininvest que poco sabían de política. Se alió con los neofascistas del Movimiento Social Italiano, convertido en la nueva agrupación de derecha Alianza Nacional, liderada por Gianfranco Fini, y con la controvertida Liga Norte, de Umberto Bossi, con los que ganó las elecciones.
Tras su caída, siete meses después de haber llegado al poder, por el abandono de sus aliados de la Liga, el visceral anticomunista Silvio Berlusconi pasó al purgatorio de la política, su prestigio disminuyó y perdió las elecciones de 1996 frente a su rival Romano Prodi. Hábil para presentarse como «víctima», Berlusconi se fue construyendo con paciencia la imagen de un «presidente trabajador», con la que ganó las elecciones de 2001, apoyado por la misma coalición que en 1994 lo llevó al poder. Pese a las críticas y controversias que suscitó su mandato entre 2001 y 2006, y a las divisiones internas dentro de su propia coalición, que casi se desintegra, Berlusconi ha sido el líder máximo de la derecha italiana. Con un golpe estratégico, reunificó sus huestes bajo una sola bandera y un partido único, bautizado el Pueblo de las Libertades, fruto de la fusión entre la derecha de Alianza Nacional (AN) y su propia formación, Forza Italia (FI). Una jugada sorprendente que le permitió en 2008 llegar al poder de nuevo para tomar las riendas de Italia.
La ruptura el año pasado con su exdelfín Fini, actual presidente de la Cámara de Diputados, ocurrió en un momento delicado debido a los escándalos por las revelaciones sobre sus aficiones sexuales. Los excesos y abusos de Berlusconi en el ejercicio del poder han suscitado críticas y protestas de medios de comunicación, industriales e inclusive de la Iglesia italiana. Su vida disipada y la atracción por las chicas jóvenes le costaron en 2009 un pedido público de divorcio por parte de su segunda esposa. Además, los tribunales de Milán lo juzgaron por prostitución de menores, sobornos y fraudes fiscales. Siempre bronceado por el sol, tras varios «liftings» e implantes capilares, Berlusconi estuvo casado dos veces, es padre de cinco hijos y varias veces abuelo.
Agencia AFP


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