6 de octubre 2016 - 00:00

Ocaso de firma controvertida

Hacia 1996 Monsanto introducía la soja tolerante a glifosato, dando comienzo a la era de la biotecnología aplicada a la agricultura. Un salto tecnológico que, al mejor estilo schumpeteriano de destrucción creativa, generó un negocio global de u$s21.000 millones en semillas transgénicas mientras que destruía más de u$s10.000 millones del negocio de fitosanitarios. Desde entonces continuó expandiendo su negocio de biotecnología y de glifosato, el herbicida más vendido del mundo, al tiempo que adquirió y potenció Dekalb, líder global de semillas de maíz. Más recientemente compró Climate Corp., una compañía digital, para incursionar en el mercado de big data y agricultura de precisión.

A lo largo de su historia, Monsanto ha desatado una relación de amor-odio con los distintos actores del mercado de una manera difícil de igualar. Poseedora de una mística ganadora, creyó poder imponer su lógica en todo el mundo, pero tropezó con la resistencia europea, que impidió el desarrollo de cultivos modificados genéticamente a los que tildaron de Frankenfood. Durante los últimos años los nuevos eventos biotecnológicos no generaron el aumento de ganancias esperado. Por otro lado, el mercado de fitosanitarios comenzó a mostrar signos de gran vitalidad debido al crecimiento explosivo de los problemas de resistencia de malezas y de insectos.

Caracterizada por las grandes apuestas, Monsanto intentó una adquisición hostil de Syngenta, líder mundial en el negocio de fitosanitarios, que estaba inmersa en su propia crisis. No sólo perdió la apuesta a manos de ChemChina sino que pasó de depredador a presa. En nuestro país lideró el cambio tecnológico que junto con la siembra directa revolucionó la agricultura en los 90. En su cruzada por cobrar un canon por el uso de su tecnología generó adeptos y detractores en un mar de controversias donde todavía navega este irresuelto tema.

A nivel mundial Monsanto lidera el negocio de semillas y de biotecnología, mientras que se ubica en el 5° lugar del mercado de fitosanitarios. Bayer es la segunda empresa en ese mercado y tiene una posición incipiente en semillas y biotecnología. La combinación con Bayer dará lugar a una empresa formidable, a nivel mundial y local, con dominancia en todos sus mercados. Las autoridades regulatorias tendrán que definir si esta nueva megaempresa representa un peligro para la libre competencia, la fijación de precios y la oferta de productos. Se espera un complejo proceso que nos llevará hasta fines de 2017.

Exactamente dos décadas después de haber iniciado una de las mayores revoluciones del agro, los accionistas de Monsanto decidieron aceptar una oferta hostil por parte Bayer en una apuesta no exenta de riesgos para los alemanes. Los u$s66.000 millones que demandará esta megaoperación no serán sencillos de recuperar para los creadores de la aspirina.

Fundada en 1901 por John F. Queeny, la empresa norteamericana recibió su nombre por el apellido de su esposa, Olga Monsanto. Más de un siglo después, esta controvertida empresa será absorbida y su nombre pasará a engrosar la lista de aquellas que han quedado en el camino.

Sin duda, Bayer -con altísimos niveles de reputación- mantendrá las grandes marcas de Monsanto pero difícilmente haga uso de esta última. La cultura y las formas alemanas distan muchísimo de las norteamericanas, pero no por eso Bayer dejará de defender con determinación aquellos que considera sus derechos y sin los cuales no tiene sentido desarrollar y lanzar adelantos tecnológicos al mercado.

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