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Olguín, con una buena trama, elude los lugares comunes

En Sergio Olguín junto al escritor de talento convive el periodista que se detiene con pasión en los detalles, que hace ver los escenarios e instala el vértigo en la narración al mostrar los hechos. Esos son solo algunos de los mejores elementos del oficio que expone en «La fragilidad de los cuerpos», primera entrega de lo que será una saga policial cuya protagonista seduce desde el primer momento: la periodista Verónica Rosenthal.
Será ella la encargada de sacar a la luz una oscura trama de intereses políticos y empresariales que confluyen en un mundo atroz en el cual niños de barrios marginales son usados para un juego de apuestas sobre las vías del ferrocarril Sarmiento. El disparador será el suicidio de un conductor de trenes, ebrio de aflicción y cuya nota de despedida llamará la atención del instinto periodístico de Rosenthal, treintañera, de clase media acomodada, apasionada, talentosa. Haberla elegido como protagonista es el primer gran acierto de Olguín en su nuevo libro. Y es que es fascinante leer sobre la vida de esta mujer, cuyos actos son siempre tan intensos: emborracharse, fumar, avanzar a los hombres que desea (sin importar su estado civil), no hay lugar para replanteos o cargos de conciencia. Lo mismo ocurre con su trabajo, siempre irá hasta el final. Es imposible leer este libro y no querer saber más sobre ella.
Rosenthal es una de las plumas de la revista «Nuestro Tiempo» y por un giro del destino comenzará a involucrarse en un articulo sobre los traumas que sufren los conductores de tren luego de que atropellan a los suicidas que se arrojan a las vías y como son desprotegidos por las empresas que los contratan. Este será el preludio antes de investigar a la perversa mafia de las apuestas cuyo resultado son niños muertos o mutilados. En ese trayecto conoce a Lucio Valrossa, motorman casado y con hijos, con quien mantiene una relación apasionada y con ribetes enfermizos, lindando el sadomasoquismo.
Como un gran cronista de las vidas de sus personajes, Olguín aporta detalles mínimos pero que los vuelven cercanos, muy reales. Es una de las claves de sus libros: todo lo que sucede en ellos podría ocurrirle al lector, desde las comidas y los hábitos más vanales hasta las emociones más profundas.
A diferencia de su libro anterior, que le valiera el Premio Tusquest («Oscura monótona sangre»), en este caso ofrece la posibilidad de conocer más sobre los giros de la historia que sus propios protagonistas. Es solo cuestión de atar cabos de mundos tan diversos como la redacción de una revista de actualidad, los barrios marginales del sur porteño y los despachos donde funcionan algunos de los peores exponentes de la llamada corporación política.
«La fragilidad de los cuerpos» no sólo es una referencia a lo endeble de la humanidad ante el peso y el fuego de una locomotora, sino también frente a los golpes de la vida y de las emociones cuando éstas son tan intensas. Un retrato sin lugares comunes, con gran ritmo narrativo y los ribetes propios de quien ha pasado parte de su vida en redacciones de diarios y revistas.
Milton Merlo


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