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Opositores, entre la frustración y la ira
Manifestantes pro Asad participaron de marchas de tono festivo, aunque impostado. En los focos rebeldes como Homs e Idlib hubo algún incidente esporádico.
Desde hace un año, los sirios intentan derrocar al presidente Bashar al Asad con una revolución que se ha visto aplastada por los tanques del Ejército.
Hasta ahora, no han conseguido nada, pero el precio que la insurgencia está pagando es alto: cada día hay decenas de muertos. La mayoría de países de la región y también de Occidente están horrorizados por la brutalidad del régimen, pero por ahora no quieren una intervención directa.
«Han condenado al régimen con muchas palabras y deseado la victoria del pueblo, pero hasta ahora sólo hubo palabras, palabras y más palabras», señaló un grupo opositor con motivo del aniversario del levantamiento popular.
En la ciudad de Derá, donde en marzo de 2011 se dispararon los primeros tiros contra los manifestantes, la gente volvió a salir ayer a la calle para exigir la caída del régimen, mientras en otras partes del país se reportaron combates y nuevas masacres.
No se trata de Al Asad como persona, pues para ellos sólo es una figura simbólica. Se trata más bien de destruir la red levantada por su padre Hafez al Asad de espías, funcionarios del servicio secreto y torturadores.
«Todo el que haya caído alguna vez en manos de la policía secreta siria está dispuesto a luchar por la caída del régimen», afirmó un activista que estuvo encarcelado y al que se le prohibió salir del país durante varios años.
Meses después del inicio de la revuelta, un teniente de alto rango del Ejército sirio y uno de los primeros desertores contó cómo había vivido los primeros acontecimientos sangrientos de la revolución.
Narró cómo miembros de los servicios secretos dispararon contra los propios soldados durante una manifestación en Derá, con el objetivo de hacer creer a los militares que los manifestantes eran en realidad extremistas armados. Y el plan funcionó al principio.
Pero la cifra de sirios que se tragaron las mentiras de la maquinaria propagandística estatal ha ido cayendo al paso de los meses. «Es difícil decir cuánta gente sigue apoyando a Al Asad, pero se calcula que alrededor de la mitad de los sirios ha pasado mientras tanto al lado de los revolucionarios», considera un ciudadano extranjero que abandonó Damasco hace unas semanas por motivos de seguridad. «Alrededor de una cuarta parte de la población apoya al régimen, mientras el resto está en casa y sólo tiene miedo».
Agencia DPA


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