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“Orfeo” recordó al Colón de mejores tiempos
Virginia Tola, Paula Almerares y Franco Fagioli, el terceto protagónico del «Orfeo» de Gluck, con puesta de Roberto Oswald, en el teatro Coliseo.
La nueva producción debida a Roberto Oswald (régie, escenografía, iluminación y diseño de pantomimas) impresiona desde el momento mismo en que se levanta el telón. Una espectacular escalera con columnas al mejor estilo del palacio de la tragedia griega representa en sus extremos la vida y la muerte. Los fondos iluminados y la caracterización lumínica del espacio escénico evocan los distintos estados de ánimo del protagonista, el Orfeo del título.
Oswald trabajó con simbolismos recurrentes y siempre ha tenido en cuenta en el diseño de la acción teatral, la esencia poética de la obra, de lenguaje simple pero teñido de conmiseración. Los movimientos marcados por la régie, como su marco, responden a una lógica escénica y a la belleza de la obra, y apelan a una plasticidad visual que también se apodera de los componentes instrumentales y vocales dispuestos por Gluck.
Quizá algún espectador «adelantado» pueda opinar que la mirada de Oswald es tradicional o de corte decadentista; sin embargo, resulta acorde con el estilo de la partitura: no hay nada extemporáneo en esta revisita a la obra; Orfeo no necesita salir montado en «skates» o en motoneta, y en el Averno no tiene que haber drogadictos ni escenas de sexo explícito para que el responsable escénico saque patente de moderno, como muchas veces se nos quiere hacer creer.
Un hermoso e imaginativo vestuario de Aníbal Lápiz completa la plenitud visual del espectáculo con un ballet estable íntimamente consustanciado con la propuesta escénica. El Coro cantó muy bien y en cuidadoso estilo con la dirección de Salvatore Caputo, mientras que la dirección de la Orquesta estable se confió a verdadero especialista, Arnold Ostman, que condujo óptimamente, a pesar de algunas desprolijidades en el arranque que fueron rápidamente superadas por nuestros músicos.
Todo el peso vocal de «Orfeo y Eurídice» recae en el contratenor, que asume el papel del marido desesperado ante la pérdida de su amada esposa. Franco Fagioli realizó una labor superlativa en lo vocal y lo escénico. Su voz, sus oportunas ornamentaciones y su temperamento dramático estuvieron al servicio del personaje de la mejor forma. Virginia Tola fue una óptima Eurídice. Si bien canta poco, lo que hizo fue excelente tanto como el «Amor» que cantó una bella y refinada Paula Almerares, al parecer recuperada felizmente de la «Lucia di Lammermoor» platense, que terminó el último domingo.
«Orfeo y Eurídice». Acción teatral en tres actos. Lib.: R. de Calzabigi. Mús.: Ch. W. Gluck. Dir. mus.: A. Ostman. Régie, iluminación, escenog. y diseño pantomimas: R. Oswald. Vest.: A. Lapiz. Coro Est. : S. Caputo. Coreog. y dir. ballet: L. Segni. Coro, Orquesta y Ballet Estables del teatro Colón (Teatro Coliseo), próximas funciones: 28 y 30/8.


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