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Osvaldo Decastelli, y el cartón como objeto poético
Osvaldo Decastelli acaba de presentar un voluminoso libro que lleva su nombre, dedicado al registro de su vasta obra con cartón corrugado.
Decastelli, que en poco tiempo participará de una exposición sobre nuevos soportes en la galería «Arte x Arte», inició su actividad como escultor y docente en la década del 60, y en 1974 presentó su primera muestra individual. Como se dijo antes, en 1984 comenzó a trabajar con cartón corrugado. Durante la década del 90 realizó muestras en el Centro Cultural Recoleta, el Palais de Glace, el Museo Sívori y la Xunta de Galicia (Madrid). Justamente sobre esta vasta obra, en la cual ha transformado el material y reflexionado sobre su «funcionalidad» y diferentes significaciones, la editorial especializada «Papers» publicó un valioso libro bilingüe, que lleva el nombre del artista, con textos de Mercedes Casanegra y María José Herrera, edición de María Torres y diseño gráfico de Alejandro Ros, que acaba de presentarse en la fundación «Proa».
«No hay una materia noble y otra vulgar», dice Decastelli en diálogo con este diario. «Nunca creí en las categorizaciones clásicas. Para mí, lo más importante es el diálogo con el material, y en el cartón encontré un campo auténticamente rico. Antes de entregarme a él yo trabajaba en instalaciones, gigantografías, donde el punto de interés eran las transiciones. Provengo de la escultura, de trabajar con volúmenes, objetos. Los embalajes, las cajas como objeto, es un universo plenamente inherente al cartón: ese material me permitió, a través de su funcionalidad, trazar un vínculo entre el continente y el contenido. Sabía que el salto cualitativo, artístico, se produciría cuando no sólo yo como artista, sino también el contemplador, dejáramos de lado la idea de «soporte».
Periodista: Lo que en lingüística se denomina la función denotativa, por un lado, y la función poética por otra.
Osvaldo Decastelli: Sí, es muy parecido a eso. El empleo artístico es dejar de usar, o de considerar al cartón corrugado como un mero «soporte», para llegar al pasaje donde el objeto es el mismo cartón. Lo denotativo es el embalaje: el cartón se emplea para tal o cual cosa: lo poético es que el objeto del mensaje sea el material mismo.
P.: ¿Este libro también es un objeto de arte?
O.D.: Es muy bello y su edición fue muy cuidada, pero creo que va más allá de ser únicamente un libro-objeto.
P.. En principio, de cartón corrugado no es.
O.D.: No. La idea no fue transformarlo en una de mis obras sino dar cuenta de ellas, regristrarlas.
P.. Ahora que usted habla de lo material. ¿Se ha explorado alguna vez la incorporación de otros sentidos a la percepción del arte? El cartón tiene un olor especial.
O.D.: Más de una vez ha sido objeto de reflexión y práctica, aunque el deterioro o las diferentes formas de conservación juegan en contra. Por ejemplo, el óleo tiene un aroma especial que sin duda está presente en el olfato del artista cuando realiza su obra: sin embargo, el paso del tiempo barre luego con los aromas. Es una pena.
p.: ¿Y lo táctil? Claro, lo menos que desea un artista, y en especial un guardia de museo, es que venga el público a tocar las obras. Ahora hasta se habla de «comisario» cuando se refieren a los curadores.
O.D.: Bueno, pero usted me ha hecho acordar de una anécdota muy hermosa. Fue algo que me ocurrió mientras exponía algunas de mis obras en las Salas Nacionales. Un día, veo que se acerca un matrimonio de ciegos. Por supuesto, algo bastante raro en un museo. La mujer, en un momento, se acerca a una de mis obras y la toca en determinado sector. Yo estaba al lado, y ella lo sabía. Y dirigiéndose a mí me preguntó: «¿Es verde?» Yo me quedé petrificado: era verde, efectivamente. De inmediato, le pregunté a la mujer cómo lo había sabido: «porque lo percibí», me respondió. Fue algo maravilloso.
P.: Las formas de la percepción son muy extrañas. ¿Tiene alguna otra anécdota similar?
O.D.: No parecida a esa, aunque la mejor crítica que me han hecho nunca o, mejor dicho, el mejor comentario, provino de un señor que, después de contemplar durante un tiempo prolongado otra obra, me dijo: «Cada vez que sienta angustia voy a hacer un esfuerzo para acordarme de esta obra y poder quitármela».
Entrevista de M.Z.


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