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Otra fiesta popular pese a la lluvia
Colectividades de 80 países desfilaron en la fiesta del Bicentenario y las provincias acercaron sus danzas y gastronomía.
Los stands abrían a las 12, pero la gente comenzó a llegar a las 9, y acortó la espera de los espectáculos tomando mate sentada en la calle. Se armaron así largas filas, un obstáculo imposible de sortear para quienes querían acceder a los diferentes puestos. A media mañana comenzaron a formarse las colas, especialmente para poder degustar algún plato autóctono o exótico, alcanzable para quienes resistían un promedio de 45 minutos de espera en los stands gastronómicos.
La fuerte presencia de colectividades extranjeras fue importante -desde cubanos hasta chinos- en el desfile que se dio a las 15 -del que participaron más de 4.000 integrantes de 80 nacionalidades, con vestimentas y música típicas. Pero ayer se destacaron las provincias. Los mandatarios provinciales sorprendieron al hacerse presentes el sábado al mediodía para inaugurar «oficialmente» -ya habían abierto el viernes para el público- el stand de su provincia. A ninguna le faltó material explicativo de la historia y artesanía locales, sumado a la amplia variedad de platos propios de cada región.
La fuerte presencia policial -más de 500 efectivos dispuestos entre Corrientes y Belgrano- no alcanzó para evitar lo que infelizmente sucede siempre que hay muchedumbres: los arrebatos de billeteras, carteras y celulares. Igualmente, llamó la atención que no hubo disturbios. Tampoco estuvieron presentes banderas gremiales o políticas. La celebración por el Bicentenario se desarrolló en un clima festivo y familiar pese a que por momentos se hacía imposible transitar los senderos, y el suelo resbaloso por la lluvia incomodaba a los presentes.
Comercios abiertos
Los comerciantes fueron los que más felices se exhibían ayer. Muchos locales de ropa, restoranes y quioscos no quisieron perder oportunidad de vender sus productos y abrieron sus puertas, algo inhabitual los domingos. Así, los consumidores aprovecharon el paseo además para hacer compras.
Uno de los puestos más visitados fue el de la Administración de Infraestructuras Ferroviarias, que montó una estructura con vagones de época, que recreaba una estación de trenes de fines del siglo XIX. Más de 40.000 personas visitaron este stand, que se vio desbordado, por lo que los organizadores decidieron cerrar una de las locomotoras -patrimonio del Museo Nacional Ferroviario Raúl Scalabrini Ortiz- para agilizar el paso de los visitantes y que no tuvieran que esperar tanto para ingresar.
Aunque el festejo fue un 100% argentino, tampoco faltaron los turistas que se encontraban de vacaciones en Buenos Aires y aprovecharon para participar de la celebración. Sobre todo, los brasileños, a tres semanas del Mundial, olvidaron rivalidades y se animaron a exhibir merchandising en celeste y blanco.
Bailarines y cantantes hicieron lo suyo en los cuatro escenarios ubicados en la 9 de Julio. Una lástima que el show más esperado por el público, que comenzaba a las 21 y reunía a los cantantes Jorge Rojas, Soledad Pastorutti, Liliana Herrero, Peteco Carabajal, Teresa Parodi, El Chaqueño Palavecino, Jaime Torres, al Ballet Folclórico Nacional y al músico Gustavo Santaolalla, entre otros artistas, debió suspenderse por la intensidad de la lluvia. (Ver pág. 14.)
Como en todo, también el festejo estuvo signado por la moda. A ninguna dama le faltó la escarapela del Bicentenario. Una insignia que recrea una flor de pétalos celestes y blancos con el centro amarillo oro, que se vendía a $ 4. El mismo modelo aparecía, a su vez, en remeras que se conseguían por $ 35 y llevaban, además del dibujo emblema del Bicentenario, una frase de la autoría de algún prócer de 1810.


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