Creen que hay una célula tras la masacre, ya que la complejidad de la bomba excede a un lobo solitario.
Londres - Salman Abedi, de 22 años, británico de origen libio, hijo de un refugiado que escapó de los tentáculos del fallecido líder Muamar Al Gadafi, fue el atacante que provocó la masacre en el Manchester Arena, revelaron fuentes oficiales. "Hace un par de meses -contó una vecina de su casa- comenzó a rezar oraciones islámicas en voz alta por la calle. Y hablaba árabe".
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El joven, nacido en Manchester, segundo de cuatro hijos, vivía en Elsmore Road, en el barrio de Fallowfield, que queda a un puñado de kilómetros del centro. Ayer por la mañana, la Policía efectuó un operativo en su casa, donde llevó a cabo una explosión controlada. Según los medios británicos, el joven ya era conocido por las autoridades.
"No formaba parte de una investigación activa o considerada como de alto riesgo. Fue visto como una figura periférica de la misma manera que el atacante de Westminster, Khalid Masood", que protagonizó un atropello en febrero en Londres que mató a cinco personas, informó el diario británico The Guardian.
Los expertos, en tanto, parecen privilegiar la hipótesis de que no se trataba de un lobo solitario. La dinámica del atentado fue atípica respecto a otros casos de ese estilo. En particular, se considera que el artefacto explosivo -lleno de objetos metálicos, bolitas o clavos- pudo haber sido ensamblado por un artificiero, perteneciente a una célula más vasta y lista para golpear. Es verdad que organizaciones terroristas, desde el Estado Islámico hasta Al Qaeda, pusieron en la red durante años manuales que explican cómo fabricar una bomba, pero la probabilidad que el joven haya hecho todo solo parece improbable.
Se trataría de una explosión "con un cierto nivel de preparación", por lo tanto no ensamblada por un principiante. "Es improbable que una célula terrorista 'malgaste' un elemento en condiciones de fabricar bombas de ese tipo", explicó una fuente de los servicios británicos. El suicida "para ellos sería un recurso indispensable para cumplir otros ataques", por lo que "parece más verosímil que el joven formara parte de una red, o haya podido contar con su ayuda".
Luego se encuentra el "misterio" de la reivindicación del Estado Islámico (EI), en el cual se habla de artefactos explosivos y no de un ataque suicida. Horas después, en un manifiesto de celebración del ataque, apareció la imagen gráfica de un artefacto accionado con un celular.
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