31 de octubre 2012 - 00:00

Otra rueda limitada

Otra rueda limitada
Fuera de combate por segunda vez el ámbito de Wall Street ya estaba sellado uno de los aspectos: la escasez de negocios, reducida a niveles de mínima expresión.

Con tal premisa por delante, lo que se pudiera producir en los índices carecía de relevancia. De todas formas, los europeos extrajeron de la manga un extraño «comodín»: mostrarse con aumentos bursátiles porque España presentó «un PBI menos negativo que el previsto...» (con lo cual, todos se quedan tranquilos) y, en función de ello, producir cierto reacomodamiento favorable.

En la ocasión se pudo copiar el Bovespa de la onda verde europea, con saldo final positivo del 0,9 por ciento. La variante, sobre el lunes, pasaba por el signo global de los mercados y esto le daba al Merval cierto soplo aliciente, como para poder plegarse a la caravana y armar su pro-pio repunte. Sin embargo, después de un mínimo en «2.314» puntos, para llegar a máximo de «2.345» unidades -momento donde se pudo superar el cierre previo- la llama se apagó, la faltante de órdenes produjo cierto «pozo de aire» y el cierre quedó en los «2.320» puntos: con el 0,5 por ciento de derrape negativo.

Las diferencias de «14» a «30» -por las bajas- confirmaron que no se pudo extraer al Merval de su tónica adversa previa. Y los 9 millones de pesos de efectivo, que se repitieron casi exactamente en la segunda fecha, hablan por sí mismos de un mercado vacío: de dinero, de órdenes de ánimo, en un deambular que careció de vocación (y hasta de sentido). Fue operar por operar, porque las luces estaban prendidas, por ser un día hábil, cumplir con la obligación.

Un verdadero simulacro de rueda bursátil, que quedó entre lo muy desechable del año. La Bolsa, una sombra.

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