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Otro desafío económico: la longevidad
Alberto Edgardo Barbieri (*)
La ciencia y la tecnología han sido ejes sustanciales de los grandes logros en el control del envejecimiento, y en el hallazgo de herramientas terapéuticas para revertir el deterioro causado por la edad y prevenir las patologías más importantes. Pero todo ello ha tenido rasgos fundamentalmente biologicistas, y a lo sumo se ha producido una convergencia entre investigaciones de salud, bienestar social y calidad de vida colectiva e individual. Pero no se ha logrado hasta el presente convertir los resultados de esa convergencia en un proyecto social.
En los últimos 50 años se han producido tres revoluciones: la terapéutica (descubrimiento de sulfamidas y antibióticos), la biológica (descubrimiento y manipulación del código genético) y la tecnológica (informática y modernas tecnologías que dieron lugar a asombrosos avances en diversos campos de la ciencia).
Toda cultura, para no quedar sumida en un arcaísmo inerte, al margen del progreso de la humanidad, debe pactar con los grandes saltos científico-técnicos, previendo y previniendo sus posibles ventajas y desventajas.
Tendencia probable
En cuanto a la jubilación, puede significar dos cosas diferentes. Es muy probable que la tendencia hacia la «jubilación anticipada» continúe. Pero ya no significará que una persona deje de trabajar. Querrá decir que dejará de hacerlo en horario completo o en relación de dependencia en una organización durante todo el año. También es probable que las relaciones laborales, que tradicionalmente se cuentan ente las relaciones más rígidas y uniformes, sean cada vez más heterogéneas y flexibles, al menos para la gente mayor. Esto se incentivará a medida que el centro de gravedad de la población mayor se traslade hacia los trabajadores del conocimiento.
En los Estados Unidos este cambio comenzará alrededor de 2010, cuando los nacidos en el baby boom de 1948 lleguen a la edad tradicional de jubilación, ya que esa generación fue la primera en incorporarse al trabajo del conocimiento.
Ese grupo es el primero en la historia de la humanidad que al cabo de treinta o cuarenta años de trabajo no padece el agotamiento físico de las labores manuales, y se encuentra en su gran mayoría en condiciones de seguir siendo productivo física e intelectualmente.
La conclusión emergente de estas reflexiones para cualquier país es que será imperioso incrementar la productividad de los trabajadores del saber tanto como sea posible. Y las nuevas relaciones laborales con personas mayores representarán una enorme ventaja competitiva para las organizaciones que logren atraerlas por encima de la edad jubilatoria tradicional y aprovechar sus capacidades para hacerlas totalmente productivas.
A partir de ésta o de otra estrategia, cualquier compromiso de recursos actuales para el cumplimiento de expectativas futuras (que es lo que estrictamente significa «estrategia») deberá partir de los datos de la transición demográfica. Entre todas las tendencias posibles, la demográfica es la única que no tiene ningún precedente en la historia de la humanidad.


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