Baldomero «Cacho» Álvarez, Alberto Balestrini, Alberto Pérez
Con brusquedad, el luto por la derrota del 28-J empezó a esfumarse. El PJ de Buenos Aires, a través de un eje tripartito entre Daniel Scioli, Alberto Balestrini y los intendentes, pactó un esquema de autopreservación que excluye expresamente a Néstor Kirchner.
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El modelo de un «peronismo sin Kirchner», inimaginado un mes atrás, se coronaría con el desembarco del alcalde de Avellaneda, Baldomero «Cacho» Alvarez, como parte de una reconfiguración del gabinete sciolista con el ingreso de figuras de peso territorial.
Alvarez, que anoche viajaba al sur, reemplazaría a Daniel Arroyo en Desarrollo Social. El movimiento, sin embargo, no se confirmaría hasta que Scioli regrese, este viernes, de Italia. No será el único retoque del staff. Habrá novedades en las segundas líneas.
Criterios
La entronización del intendente, que negociaron el jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez, Balestrini y los caciques del peronismo, es más que un cambio de ministros: solidifica la sintonía de un pacto que diseñó una táctica defensiva. La lógica opera sobre tres criterios:
El 28-J, tras la derrota del FpV, se dibujó un nuevo mapa político en Buenos Aires donde aparece reducida la influencia de Kirchner mientras se agiganta el protagonismo de los intendentes. La receta de preservación prevé un ensamble que se expresará con la llegada de jefes territoriales al gabinete de Scioli. Un peronista fue bien graficó: «alambrar la provincia». La frase remite a Eduardo Duhalde y a los 90 cuando el PJ bonaerense se abroqueló como poder autónomo y muchas veces antagónico, al de Carlos Menem. De algún modo, no respecto a las figuras -la intervención de Duhalde es, todavía, periférica a pesar de que retomó el vínculo con Scioli a través de Eduardo Camaño- pero sí en el método, el PJ bonaerense se reduhaldiza.
Kirchner, con su parrafada en Puerto Madryn de que fue víctima de la «vieja política» -en referencia a los alcaldes que asegura mandaron a cortarle boleta-, contribuyó a incrementar la tensión entre los intendentes y el patagónico. Es más: así como el ex presidente dice que perdió por la traición, los caciques (entre ellos Balestrini) retrucan que sin las «testimoniales», incluida la de Scioli, la derrota hubiese sido por más diferencia de votos. Dato frío: a nivel local los intendentes ganaron y lo mismo ocurrió en legisladores provinciales donde el PJ se impuso a Unión-PRO. Así y todo, la hoja de ruta es construir un peronismo sin Kirchner -reminiscencia de la infortunada utopía vandorista de un PJ sin Perón- que, aclaran los promotores, es diferente a un peronismo contra Kirchner. La sutileza -el patagónico considera enemigo todo aquello que no incluye o no le obedece- revitaliza el teorema sciolista de que no hay proyecto 2011, en guerra abierta con Kirchner, pero le introduce un anexo: tampoco existe si es manifiesta la incidencia del santacruceño. Hay un capítulo inexplorado: ¿quién le girará a Scioli los 3.000 millones de pesos que necesita antes de fin de año para cerrar las cuentas? El argumento es conocido: los Kirchner no pueden permitir la crisis en la provincia porque en 15 minutos llegaría a Casa Rosada. Lo sabe Fernando de la Rúa.
La madrugada del 29, en el piso 19 del Intercontinental, además del enroque eternista Néstor-Cristina-Néstor, se deshilachó la aventura Scioli 2011 y dejó, siquiera por ahora, al PJ bonaerense sin proyecto nacional. Al alambrar la provincia, Scioli, Balestrini y los intendentes pretenden unificar personería para, en su momento, negociar como bloque único en la mesa del PJ nacional que el gobernador delegará, como anticipó este diario una semana atrás, a una mesa de caciques provinciales en la que, sin embargo, espera preservar una butaca. «Los que quieran entrar a la provincia van a tener que hablar con Scioli o con Balestrini que, ahora, juegan a dúo», sentenció un operador, admisión implícita de rispideces pasadas. Detalle: el arribo de «Cacho» Alvarez, referente del conurbano sur, certifica -además de la incorporación de los intendentes- la intervención de Balestrini. La crisis propia, sin embargo, obligó a abroquelarse para evitar que el PJ de Buenos Aires se atomice y sufra, en ese proceso, fugas hacia Francisco De Narváez y Mauricio Macri.
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