Países con commodities: ¿maldición o bendición?

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¿Por qué muchos países de amplias ventajas comparativas tienden a rezagarse en comparación con otros menos beneficiados? El término maldición de los recursos naturales, acuñado por Richard Auty en 1993, pretende remarcar la paradoja existente al comparar el crecimiento de los países ricos en recursos naturales con el de los menos favorecidos. También Jeffrey D. Sachs y Andrew M. Warner (1995, 2001) plantean que las economías centradas en la exportación de commodities registran un crecimiento lento. Ya a mediados del siglo XIX, John Stuart Mill afirmaba que "ni actualmente, ni en tiempos pasados las naciones que han poseído el mejor clima y suelo han sido las más ricas o más poderosas".

¿Acaso cuánto más pródiga resulta ésta menor es la tendencia al desarrollo? No se trata, en realidad, de tener o no tener recursos abundantes. La respuesta a estos interrogantes reside en el grado de dependencia con estos. En su trabajo de 1999, "¿La madre naturaleza corrompe?", Carlos Leite y Jens Weidmann muestran que hay una relación estadísticamente considerable entre la dependencia en los recursos naturales y las instituciones poco sólidas que deriva en una fuerte dificultad para alcanzar un mayor grado de crecimiento. Hay países desarrollados como Australia, Canadá, Noruega, Nueva Zelanda e incluso Estados Unidos que, como sabemos, cuentan con una gran dotación de materias primas. Sin embargo, no son dependientes de sus commodities. Al fortalecer sus instituciones, han avanzado en otros planos del crecimiento, sin dejar de explotar sus múltiples recursos naturales.

La participación de las materias primas en el PBI de Australia, Canadá, Noruega y Nueva Zelanda resulta semejante a la de los países latinoamericanos. Pero, mientras en América latina representa cerca del 25% de los ingresos fiscales, en estos cuatro países no llega al 10%.

Los países con una elevada dependencia actúan en un marco institucional débil que no favorece el desarrollo. De esta forma, ingresan en un círculo vicioso donde el bajo desarrollo promueve la debilidad en las instituciones y su devenir se apoya tan sólo en la extracción de recursos de la tierra.

Cuando el acervo en recursos naturales es amplio, resulta más fácil mantener el poder mediante la propaganda y la asignación de fondos a los simpatizantes mediante políticas de corte populista. En un artículo de 2012, Joseph Stiglitz afirma que los países ricos en recursos naturales "a menudo no siguen estrategias de crecimiento sostenible. No se dan cuenta que si ellos no reinvierten su riqueza proveniente de los recursos naturales en inversiones productivas por encima del suelo, en los hechos, se están empobreciendo cada vez más. La disfunción política exacerba el problema, ya que el conflicto sobre el acceso a las rentas provenientes de los recursos naturales da lugar a que surjan gobiernos corruptos y antidemocráticos."

Como aporte a este artículo, conviene diferenciar entre commodities agrarios y mineros. La buena noticia para nuestro país es que aquellos países dependientes de la producción de minerales son, claramente, más propensos a la debilidad institucional; mucho más que los abocados a la producción agraria que mantienen una tendencia menor a la baja institucionalidad.

La explicación se halla en que mientras los primeros mantienen una estrecha relación con las industrias (concentradas) extractivas, los segundos operan con empresas agrarias atomizadas que requieren de creciente competitividad sobre la base del conocimiento y del capital social. En los países en desarrollo, la explotación de los recursos minerales está generalmente bajo el control del Estado en tanto que la agricultura lo está dentro de la actividad privada.

En materia agrícola, no es casual que nuestro país se encuentre entre los líderes mundiales en términos de productividad y eficiencia y que sea referente en foros internacionales. Si bien endeble, seguramente el encuadre institucional bajo el amparo de una situación económica crítica y percibida por la gente como de horizontes muy amenazantes, permitió a fines del año pasado concluir una etapa donde el poder político se destacaba por su sesgo populista con visibles rasgos autoritarios. Comenzado el actual período, con precios internacionales en un nivel razonable y caracterizado por el reclamo generalizado de un cambio institucional, la situación actual permite vislumbrar el ingreso a una suerte de círculo virtuoso, propulsado por distintas actividades económicas, lideradas por las cadenas agrícolas en creciente eslabonamientos de agregado de valor.

En tal sentido, resulta previsible nuevas políticas públicas abocadas a fomentar la industrialización en relación con los commodities que se exportan, lo que incentivará el incremento en el número de eslabones aguas arriba y aguas abajo. Y, por ende, un desarrollo territorial más equitativo y balanceado, con mayores oportunidades de inversión y de trabajo.



(*) Profesor de la Maestría de Agronegocios de la Universidad del CEMA

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