14 de mayo 2009 - 00:00

Palabras de diplomático para un contexto complejo

Benjamín Netanyahu
Benjamín Netanyahu
Belén - La frase podría ser de él: «Jesús es la única esperanza». También otras muchas pintadas en el muro israelí que separa Jerusalén de Belén y los territorios palestinos.

¿Qué habrá pensado el papa Benedicto XVI cuando tuvo que pasar en la espléndida mañana de ayer por el muro alambrado para dar aliento a los palestinos que viven detrás de él y pedir a los cristianos que sigan allí a pesar de todo?

Quizá los puestos de control con los soldados, las calles vacías y las casas cerradas a cal y canto recordaron al Pontífice alemán los tiempos de la división de su país. «El miedo erige muros», dice una frase. Y alguien también dejó la conocida frase de Kennedy en Berlín: «Yo soy un berlinés».

En realidad vino a peregrinar este líder de «una potencia espiritual y no religiosa», como Benedicto suele resaltar. Quien viaja a los lugares santos se dirige primeramente a Belén, donde está la Iglesia de la Natividad que construyó el emperador Constantino y que es visitada por los creyentes no sólo en Navidad.

Juan Pablo II

Benedicto, empero, tuvo otra cosa en mente en su primera visita a los palestinos, siempre siguiendo la huella de su predecesor Juan Pablo II: la política.

Apenas llegó, el Papa resaltó la postura de la Santa Sede en el conflicto por el futuro de este pueblo castigado. «El Vaticano respalda el derecho de su pueblo a una patria soberana, en seguridad y paz con sus vecinos y en las fronteras reconocidas internacionalmente», dijo a su anfitrión, el Presidente de los palestinos, Mahmud Abás.

El hecho de que el Papa haya hablado de «patria» muestra sus dotes de diplomático. Quiere conciliar y mediar, no quiere meter en camisa de once varas al Gobierno derechista de Israel al mando de Benjamín Netanyahu. Este prefiere un estatus para los palestinos que no se asemeja a un Estado en el sentido clásico. Si fuera por el premier israelí, los palestinos no podrían tener ejército ni controlar el espacio aéreo o el agua en la región.

Pero el mensaje que Benedicto envía a los palestinos de los territorios es claro. Les dice que está de su lado, que quiere más «libertad de movimiento» para la gente que está sometida a los constantes controles israelíes.

Y reza por los palestinos en la Franja de Gaza para «que sea levantado pronto el embargo». Los cerca de tres millones de personas de los territorios palestinos deberían decidir libremente sobre su futuro, recalca.

La solidaridad con los palestinos, ésa es la clave del primer dignatario de Roma. Y se dirige en especial a los peregrinos de Gaza: «Sé lo que han sufrido». Menciona en varias oportunidades la guerra de Gaza, expresa su compasión, quiere dar aliento. Esta guerra puso en peligro su viaje a Tierra Santa durante meses. Pero finalmente lo logró.

Equilibrio

El acto de equilibrio del Papa tuvo lugar allí donde nació Cristo, pocos kilómetros al sur de Jerusalén. El Pontífice, de 82 años, tuvo que disipar los temores de mucha gente de que su visita poco después de las elecciones en Israel pudiera ser interpretada como propaganda para el Gobierno derechista de Netanyahu. Quizás por ello fue que el tono de los discursos del Papa en Belén fue tan político. Los palestinos cristianos, por su parte, le depararon una bienvenida jubilosa en tiempos sombríos.

Hay sólo 50.000 cristianos entre los cerca de dos millones y medio de habitantes en Cisjordania. Muchos están desarraigados y viven en campamentos. El Pontífice no lo pudo ver con sus propios ojos en esta ciudad rodeada de un paisaje pintoresco de viñedos y olivos seculares. Por eso, Benedicto el diplomático incluyó una visita al campo de refugiados de Aida. Y una oración para la desgarrada Tierra Santa en la gruta de la Natividad de Jesús.

Agencia DPA

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