10 de julio 2009 - 00:00

Para los tangueros sub 30, el rock no es representativo

34 puñaladas: para Alejandro Guyot, su líder, «el rock es incapaz de hablar, como el tango, del lugar que nos alberga y que puede ser esplendoroso o un monstruo».
34 puñaladas: para Alejandro Guyot, su líder, «el rock es incapaz de hablar, como el tango, del lugar que nos alberga y que puede ser esplendoroso o un monstruo».
Los músicos jóvenes se vuelcan cada vez más al tango. Algunos lo hacen por identificación con el género o por desilusión con el rock, otros para reinventarlo, varios por historias personales y muchos por la veta comercial o los bajos costos que supone el tango (basta una guitarra criolla).

La divergencia de objetivos converge sin embargo en un mismo resultado: son legión las orquestas de tango con jóvenes a partir de los 20 años que vuelven a las partituras de Piazzolla, Gardel o Matos Rodríguez, para interpretarlas idénticas, «remixarlas» o simplemente para estudiar y componer nuevos tangos vinculados con su realidad inmediata. Entre las formaciones jóvenes de tango se cuentan, por ejemplo, la Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce, que depende del Gobierno de la Ciudad o la Orquesta Típica Fernández Fierro, que luego de años de trabajo hasta abrió su espacio, llamado «Club Atlético Fernández Fierro», en el Abasto. Otra de las destacadas orquestas con jóvenes de alrededor de 30 años es «34 puñaladas».

Alejandro Guyot, cantante de esta última, explicó a este diario: «Elegir el tango tiene que ver con una inquietud del músico de conectarse con una expresión musical que lo represente de una manera más profunda que el rock, género que no es original de la Argentina y no tiene que ver con nada que represente nuestra manera de mirar, por ejemplo la ciudad. En cambio, el tango habla de todo eso, del lugar que nos alberga y que puede ser esplendoroso o un monstruo. Además, las letras de rock pintan paisajes bastante apocalípticos, cuando no una mirada más naif, más adolescente, salvo selectos poetas, cuando el tango invita a una reflexión mas profunda. Ahora ya hay chicos más jóvenes que nosotros que nos toman como referencia, en parte nos hace gracia pero obviamente nos enorgullece».

«34 puñaladas» cuenta con 4 discos: «Tangos carcelarios», «Slang», «Argot» y «Bombay Buenos Aires», que presentarán en el Festival de tango el 15 agosto. Guyot también destaca entre su público, además de los jóvenes, los tangueros de 50 o 60 años, que se habían perdido el repertorio completo de los años 20 o 30 y sobre todo varios temas prohibidos. «34 puñaladas» rescató tangos vinculados con la drogadicción, prostitución y violencia, por caso, en el espectáculo de hace ya siete años llamado «Tangos carcelarios», rescataban mucho de la composición de Copi.

«Nos sigue gente que tiene inquietudes de escuchar algo diferente, que se corre del mainstream, de la típica música radial, prefabricada y masticada para el oído», continúa Guyot. «Algo excluyente del rock es el tema costos. Para tocar, hay que armarse toda una tecnología y ser parte de un ámbito mainstream. En cambio, con una guitarra sin amplificar se puede hacer tango. Es la expresión más sincera y más despojada de artificios».

Marina De Luca, directora artística de «Piazzolla tango», que funciona en el subsuelo en la galería Güemes, dijo a este diario: «Se está volviendo a los tangos justamente para buscar un estilo propio. Tomando la misma base de siempre, los músicos intentan crear sobre lo ya hecho, buscan reinventar. Por eso además gusta tanto, igual que hacerlo y que verlo. Se trata de innovar y romper con lo que ya tenemos hasta en la sopa.»

En cuanto al baile, al que se dedican más jóvenes que tangueros maduros, todos coinciden en que se volvió tan masivo por una cuestión económica y funciona como salida laboral. «Algunos lo tomaron más a la ligera y creyeron que con cuatro clases ya podían decirse bailarines de tango. O pensaban que como bailan folklore o clásico preferían aprender tango y que por ello les pagarían. Y estuvieron en lo cierto. Sin embargo el profesional que viene de toda la vida tiene un plus diferencial que se advierte de inmediato», concluye De Luca.

El público del tanguero joven es en su mayoría joven, pues el mayor está algo prejuicioso, con resquemor a la innovación en la materia o el «remix» de los clásicos del tango. En el Torquato Tasso o en Café Vinilo no se hace presente justamente el público del tango tradicional. También en la esquina Homero Manzi se buscan shows más innovadores, que apuntan a fusionar público del «señor grande de Boedo» con propuestas nuevas.

Juan Ignacio Esteguy es director musical de uno de los grupos más jóvenes, «Vanguardia vieja», quienes hasta ahora se dedican a ensayar, tocar y juntar dinero para grabar su primer disco. «Creo que aflora el tango entre jóvenes porque el rock no está cumpliendo, no salen bandas nuevas, no estamos en los ´90 con «Soda» o «Los redondos», pilares que se llevaban a todos los nuevos músicos que se inspiraban en ellos. Yo además doy clases y veo que los chicos de 13 o 14 no se mandan al tango, vienen y se inclinan por lo clásico, pero en pocos años se saturan y buscan la improvisación u otros géneros. Ahí aparece el tango y el folklore. Cuando yo tenía 12 años no había tantos músicos de veintipico tocando tango como ahora. El tango desapareció muchos años a falta de una generación intermedia entre nosotros y los grandes maestros, con un público acostumbrado a Troilo. Al público tanguero le gusta que el joven mantenga vivo el estilo, mientras a los jóvenes podemos todavía sorprenderlos. Recuerdo una fiesta de reggae, donde tocamos mucho tiempo. No podían creerlo, porque nunca lo habían escuchado y, aunque era gente de otro palo, reconocieron lo que se estaban perdiendo y varios se volvieron nuestros seguidores».

Nicolás Guerschberg pianista y compositor que estará presentando en el próximo Festival de tango su nuevo quinteto con estreno de obras propias, señaló a este diario: «Hubo un resurgimiento del tango a través de los espectáculos for export, que implicaron para los músicos una fuente de trabajo Antes quizá se dedicaban a otros estilos como el rock, sobre todo en los ´80. En esa década el tango estaba como apagado, y luego resurgió, con muchos jóvenes que buscan además dotarlo de un lenguaje nuevo. Nosotros admiramos a los grandes maestros, no desoímos eso, pero nos interesa ver cómo seguimos, no queremos quedarnos en la postal de los 40, en las orquestas. Somos admiradores, pero ese tango refleja una época, y nosotros buscamos reflejar la nuestra».

Ariel Ardit difiere de la idea de «boom» o «resurgimiento» del tango, pues según su opinión, no hay modas con el tango: «Siempre está vivo. A veces se critica más fuerte a los jóvenes y a los grandes se los toma con el cuidado de la experiencia, pero la gente que se acerca quiere escuchar tango. El público es amplio y está para todo, para la gran cantante Lidia Borda, para la Orquesta de Leopoldo Federico y para lo nuevo, con estética más moderna».

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