11 de noviembre 2013 - 00:00

Paradoja mundial: Europa, deflación y EE.UU., vibrante

Novedades para todos los gustos. Hubo sorpresa en Fráncfort: el BCE recortó la tasa refi del 0,50% al 0,25% sin mediar preámbulo, a la manera exprés típica de EE.UU. Una vez más, Mario Draghi le puso su sello a la maniobra. Lo que más se discutió no fue la rebaja sino el momento de su aplicación. Draghi impuso la urgencia, doblegó la oposición alemana y apretó el gatillo en el acto. Y habrá más si hace falta, dijo, sin excluir la posibilidad de una tasa negativa para los depósitos que capta el BCE.

En Washington, el asombro fue doble y no lo produjo el banco central sino las estadísticas. Primero fue la estimación de crecimiento del PBI: un 2,8% en el tercer trimestre. Después, el informe de empleo con una creación neta de 204 mil nuevos puestos de trabajo en octubre. No se aguardaba una cifra mayor a los 130 mil y sólo con la revisión de los dos meses previos se sumaron otros 60 mil. ¿Será que el cierre de Gobierno le sentó bien a la economía? A simple vista, no le hizo mella.

Como no podía ser de otra manera, resurgieron las expectativas de que la FED decida comenzar pronto a podar las compras mensuales de bonos. Lo que se conoce en la jerga como el "taper". Con estos números, el "taper" salió del congelador. Y se toman apuestas a favor de su destape en la próxima reunión de diciembre. Bonos y monedas sintieron el impacto y cayeron con ganas. Sólo la Bolsa, como ya es costumbre, soportó bien el sacudón.

¿Se debilita Europa y se fortalece EE.UU.? La historia oficial, hasta la semana pasada, era exactamente al revés. Europa se recuperó y emergió a mitad de año de la doble recesión, la más extensa de su breve historia. En EEUU, la FED reconoció en septiembre que lo prudente era cancelar el pronóstico de un segundo semestre robusto. Después del cierre de Gobierno, con más razón. ¿Qué pasó entonces? Porque la impresión es que, de repente, la realidad hace caso omiso a las predicciones y avanza veloz a contramano.

Que la actividad europea tocó piso, no se discute. Pero, en el mejor de los casos, el año terminará plano. La recuperación es lenta como un caracol. Y carece de potencia para alejarse del peligro. La tasa de desempleo de la eurozona -12,2% - es la más alta desde 2009. Y el proceso de desinflación -la última medición arroja un aumento interanual de sólo un 0,7%- encendió las alarmas. En ese sentido, el BCE se movió antes de lo previsto, pero mucho más tarde que lo aconsejable. En la conferencia de prensa posterior a la reunión, se debatió si Europa no se dirige a una deflación a la japonesa. Draghi lo negó, pero la preocupación es válida. Los precios, por caso, disminuyen en Grecia y en España. En Atenas, la inflación que era del 5% en 2011 se transformó en octubre último en una merma de precios (interanual) del 2%. La respuesta del BCE es el primer reconocimiento de que los riesgos de inestabilidad ya no provienen de las presiones al alza (si es que alguna vez fue así desde que empezó la crisis) sino de una fragilidad que puede provocar caídas sostenidas de precios.

La vulnerabilidad europea es cierta; la fortaleza de EE.UU. es, cuanto menos, dudosa. La producción creció al 2,8% en el tercer trimestre, pero las ventas finales subieron sólo al 2%. El aumento de inventarios, de magnitud poco usual, explica la brecha. Su digestión es compatible con una futura ralentización de la actividad. Y no se crea que el posterior cierre del Gobierno no dejó huellas. En todo caso, ¿qué es lo que asusta tanto la confianza del consumidor? Una FED que prefirió no hacer nada en septiembre porque carecía de visibilidad, ¿se decidirá ahora por la acción con la misma neblina? Vale recordar que la desinflación tampoco es ajena a EE.UU. La medida favorita de la FED, el deflactor del gasto de consumo personal acusó el mes pasado un aumento interanual del 0,9% (apenas dos décimas por encima de Europa). Si hay prisa por el taper, no será por la economía.

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