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París: la Fundación Vuitton seduce ahora a devotos del arte
Abajo, el derroche de materiales utilizados por Frank Gehry, que deslumbra del mismo modo que las obras cumbre del siglo XX, como “El grito”, de Munch (Der.), prestadas por otros museos a la Fundación Louis Vuitton, cuya terraza domina la imponente instalación del rosarino Adrián Villar Rojas (arriba).
"El efecto Beaubourg", fenómeno que analizó Jean Baudrillard en la década del 70, anticipaba entonces la cultura del placer estético y el avance de las industrias culturales.
En estos días París agregó un diamante a su corona: la Fundación Louis Vuitton, con una poderosa inversión, seduce a los devotos del arte. Rodeado por el paisaje encantador del Bois de Boulogne, el edificio de la fundación lleva la firma del arquitecto Frank Gehry, autor, entre otras obras, del Museo Guggenheim de Bilbao, un hito insuperable. Sin embargo, en el folleto que reciben los visitantes prometen "una experiencia única con la arquitectura".
Lo cierto es que los contenedores del arte de la fundación tienen el formato de las clásicas cajas blancas y están cubiertos por una serie de caprichosas carcasas de vidrio y acero. El derroche de materiales deslumbra, del mismo modo que las creaciones de Vuitton.
Luego, al atractivo joint venture de dos firmas notables de la arquitectura y la moda se suma el gran logro de Suzanne Pagé, directora artística de la fundación. Ella presenta "Las llaves de una pasión", muestra que reúne un conjunto sorprendente de obras maestras de la historia del arte del siglo XX. Los museos de todo el planeta, con generosidad inusual, han prestado sus obras cumbre. Allí están "La danza", de Henri Matisse, y el maravilloso "Busto de una joven en camisa", además de dos versiones de "Cuadrado negro" y la "Cruz negra" de Malevich, recién llegadas del Museo de San Petersburgo. "El grito", de Edvard Munch, proviene del Museo de Oslo, un estupendo Kandinsky del MoMA neoyorquino, al igual que una escultura de Brancusi. Y en una gira sin antecedentes arribaron obras de Mondrian, Giacometti, Otto Dix, Claude Monet, Mark Rothko, Picasso, Bonnard, Delaunay, Picabia, Kupka, Emil Nolde y Severini, entre otros genios del siglo XX. Habría que dar la vuelta al mundo para ver estas obras cruciales del arte moderno, de no mediar estos préstamos.
El secreto lo cuenta un entendido en las relaciones de la institución. Sencillamente, los museos y algunas fundaciones no hacen más que pagar favores. Durante mucho tiempo la Fundación Louis Vuitton apoyó y patrocinó a quienes hoy no pueden negarse a enviar sus mayores tesoros.
Pero además de esta exposición ineludible, la fundación tiene numerosos espacios dedicados a exhibir su colección permanente. En la terraza hay una imponente instalación del rosarino Adrián Villar Rojas, una estrella fulgurante del arte emergente argentino, ganador hace unos años apenas del premio Currículum Cero de la galería Ruth Benzacar. Desde allí, casi sin mediar tiempo más que para una memorable individual en la galería, saltó desde Rosario a la Bienal de Venecia, Documenta y la Serpentine Gallery. Villar Rojas figura también entre los 65 artistas de la muestra "My Buenos Aires" que la Maison Rouge, el espacio más importante del arte contemporáneo de París, presenta en el barrio de La Bastilla.
El rosarino levantó su obra con piedras, y entre ellas modeló el barro mezclado con objetos de uso diario, como zapatillas y remeras, construyó una forma ambigua que se asemeja a un féretro gigantesco.
No obstante, antes de llegar a la terraza hay algunas obras imponentes como la videoinstalación de Douglas Gordon, el divertido video de Pilar Albarracín o el inmenso muchacho de Thomas Schütte. La muestra permanente es un recorrido por los nombres que se reiteran en el mainstream internacional, como Allora & Calzadilla, Olafur Eliason, Ellsworth Kelly, Jean Michael Basquiat, Philippe Parreno, Richard Prince, Gilbert & George, Andreas Gursky y el infaltable Andy Warhol.


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