Parlamentarios en la ONU por reformas globales

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«Las instituciones de Bretton Woods están por cumplir los 65 años. En mi país, a la edad de 65 años, la gente ya tiene edad de retirarse». Con esta contundencia, la se-nadora Rosario Green -ex canciller de México y embajadora de su país ante la

Argentina entre los años 2001 y 2004- marcaba la senectud de aquellas instituciones que, surgidas inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, hoy se en-cuentran en la mira de los debates tendientes a la superación de la crisis económico social global.

Estas palabras abrieron la audiencia parlamentaria organizada recientemente por la Unión Interparlamentaria Mundial (UIP) en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. El encuentro, que reunió a parlamentarios de las más diversas procedencias políticas y geográficas, estuvo en línea con la Conferencia de Alto Nivel sobre la crisis financiera y económica mundial organizada por la Asamblea General de la ONU el pasado junio.

Las instituciones de Bretton Woods -el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional- fueron fundadas en un contexto histórico muy distinto del actual. Son el resultado de una reunión de 43 países en Bretton Woods (New Hampshire, Estados Unidos) en julio de 1944, cuyos objetivos principales eran la reconstrucción de la economía mundial luego de la guerra y la promoción de una activa cooperación económica internacional.

El enfoque original contemplaba la necesidad de estructurar un orden económico mundial inédito, basado en la cooperación internacional y en un sistema de toma de decisiones por consenso. Se procuraba superar los efectos desestabilizadores de depresiones económicas previas y los riesgos de las batallas comerciales.

Así, el Banco Mundial estaría a cargo de mejorar la capacidad comercial de naciones empobrecidas y azotadas por la guerra a través de préstamos para la reconstrucción y proyectos para el desarrollo, mientras que FMI tendría capacidad de proveer asistencia económica temporal a países con dificultades en la balanza de pagos y, fundamentalmente, crearía estabilidad en el comercio internacional al armonizar las políticas monetarias de sus miembros y al mantener la estabilidad cambiaria.

«Después la vida se impone», dice Rafael de León en su profecía. 65 años más tarde, estos organismos multilaterales de crédito están en el centro de los cuestionamientos de la comunidad internacional y del mundo académico por la responsabilidad que les cabe en la gestación de la crisis económica y financiera que todavía azota el planeta.

En efecto, en los foros internacionales se analiza la capacidad (o incapacidad) de los organismos internacionales de crédito de prever el comportamiento de las variables económicas, así como de limitar el impacto negativo de la crisis.

La Argentina viene participando activamente de las negociaciones globales evaluando paradigmas económicos alternativos, evitando todo prejuicio ideológico, potenciando todos los foros posibles de discusión y procurando derribar los mitos académicos que sean necesario para evaluar con claridad la situación actual.

El esfuerzo debe ser asegurar que los sistemas monetario, financiero y comercial se rediseñen en el marco de una mayor regulación, de una más efectiva coordinación de las políticas macroeconómicas y con instrumentos menos condicionantes y más flexibles, que permitan una nueva simetría, un nuevo equilibrio en los beneficios y obligaciones que genera la relación económica internacional.



(*) Representante de la Argentina ante la ONU

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