15 de febrero 2013 - 00:00

Paseo por ruinas de viejos esplendores

«La multitud» (Arg., 2012). Guión y dir.: M. OesterDocumental.

Este breve ensayo documental echa una mirada sobre los restos de dos grandes parques de entretenimiento: la Ciudad Deportiva de Boca Juniors, y el Parque de la Ciudad, nacido como Interama.

La Ciudad Deportiva se gestó en 1964, cuando, por ley del Congreso de la Nación, Boca Juniors fue autorizado a rellenar 40 hectáreas de islas fiscales y alzar lo que sería el mayor estadio de Latinoamérica, entre otras instalaciones. Hubo rifas gigantes, las Cruzadas de las Estrellas, que hicieron época. Se completó un parque de diversiones muy popular en sus comienzos, se ganaron premios internacionales de arquitectura por sus islas artificiales y puentes que parecían convertirla en una Tivoli del Subdesarrollo, pero todo fue quedando a mitad de camino, salvo las deudas acumuladas. En 1989 otra ley del Congreso otorgó facilidades y autorizó la venta de terrenos. Con el tiempo, éstos quedaron en manos de un grupo inversor que nunca concretó nada, y hoy solo se usan, cada tanto, para recitales de rock.

Interama, construido en Villa Soldati, quiso ser el primer parque temático argentino, con 60 grandes atracciones y un mirador, la Torre Espacial, de 208 metros, más alta que la famosa Space Needle de Seattle, que solo tiene 160 (pero con comedor giratorio). Interama se inauguró el Día de la Primavera de 1982, pero antes del año perdió la concesión y quedó en manos del municipio, que lo rebautizó Parque de la Ciudad. Empleados públicos de sucesivas intendencias dejaron que se fuera degradando, Aníbal Ibarra lo mandó cerrar en 2003, Telerman reabrió algunos juegos en 2007, al año lo cerró Macri, que en 2011 reabrió solo la Torre Espacial, para visitar los fines de semana, pero parece que todavía no puede visitarse.

La película no explica nada de esto. Solo transita por esos lugares, contempla sus ruinas y despojos, se queda en los atardeceres, y constata el crecimiento de yuyos, basurales y cercanas villas de emergencia, dejando que el viejo público añore fugaces esplendores de otros tiempos, y el público joven mire esos escenarios apocalípticos a la luz de lo que dicen las gacetillas, que achacan todo a «las dictaduras» (la de Alberto J. Armando, puede ser). Por ahí aparecen dos personas, e intercambian algunas palabras. En ucraniano. Como los xeneixes que poblaron la Boca, estos ucranianos son inmigrantes. Pero llegaron después que terminó la fiesta. Autor, el artista plástico Martin Oesterheld. Montaje, dos calificados editores, Emiliano Serra y Alejandro Brodersohn. Fotografía, Guillermo Saposnik.

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