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“Pensar al tango como si fuera música clásica”
Miguel Ángel Zotto durante los ensayos de su próximo espectáculo, «Puro tango», que presentará con el elenco de su compañía «Tango x 2».
El motivo inicial de la charla es «Puro tango», que Zotto y su compañía Tango X 2 estrenarán el 6 de enero en el teatro Metropolitan. Se trata de un show que constará de 16 cuadros que relatarán anécdotas e historias del tradicional baile rioplatense y que el coreógrafo compartirá con su compañera Daiana Guspero, un cuerpo de bailarines y una orquesta en vivo dirigida por el bandoneonista Pocho Palmer.
Periodista: En realidad, no ha terminado de responderme sobre la vigencia o no del tango en el presente.
Miguel Ángel Zotto: Es que a esta altura, tenemos que pensar al tango como si fuera música clásica o ballet. Tuvo su tiempo de esplendor, cuando se codificaron formas y estilos; y ahora estamos en un tiempo en que trabajamos sobre la estilización, siempre apoyándonos en esa base que nos dejaron los maestros. Al tango le han pasado muchas cosas. En los 30, el cambio en la orquesta, con mayor número de instrumentos, modificó los movimientos. En la década siguiente, el tango se hizo cosa de todos los días y de todos; se desarrolló, se generaron nuevas figuras. Después hubo un tiempo en que parecía olvidado. En los 80, el advenimiento de la democracia, películas como «El exilio de Gardel», un renacimiento de nuestra cultura y, claro, propuestas como «Tango argentino», volvieron a ponerlo en la consideración general.
P.: En esta descripción, usted está mezclando procesos que tienen relación con la expresión popular del baile y con propuestas artísticas de escenario.
M.A.Z.: Es que eso es lo que ha venido pasando a partir de los 80. Nunca antes el tango había tenido tantos espectáculos dedicados a él. Y nuestra tarea es, justamente, la de intentar mezclar dos mundos aparentemente desencontrados: el de los milongueros y el de los bailarines profesionales. Y hay un lugar en que todos nos juntamos, más allá de que muchos somos parte de ambos, y es en «el 8». Es un movimiento básico y típico del género que está tanto en las milongas como en la escena; es también, si lo ponemos horizontal, que es como se hace en el tango, el símbolo del infinito; es la forma de la guitarra y del cuerpo de la mujer; son los compases que contamos los bailarines para armar las coreografías. Fue uno de los tantos misterios que me enseñó a descubrir Petróleo, y yo lo uso como punto de arranque para enseñarle a bailar tango a alumnos de todo el mundo.
P.: ¿Qué deberíamos esperar entonces para el futuro?
M.A.Z.: Objetivamente hablando, tenemos que tomar conciencia de que jamás el tango tuvo tanta presencia internacional como tiene en el presente. Ni en los años 40, que es cuando se ubica la época de oro, había una expansión global como la que hay ahora. Solamente hablando de festivales, hay cientos de miles desparramados por todas partes; igual que profesores, argentinos o no, que dan clases por lugares -China, Rusia, Turquía, India- donde ni remotamente había llegado esta música en los 40. Por otra parte, hay una camada de jóvenes, que vienen de muy diversas corrientes, que bailan muy bien y que nos están permitiendo nuevos desarrollos coreográficos. Quizá lo que no vuelva a ocurrir sea la masividad de los bailes tangueros de otros tiempos: el mundo cambió, y hoy la mujer ya no se deja llevar tan sumisamente, como es imprescindible en la raíz del baile del tango.
P.: En relación a una explosión de propuestas tangueras, con lo que coincido, veo que no hay, aparentemente, suficiente público para sostener a todos. ¿Cómo explicamos esa contradicción entre oferta y demanda de tango en la Argentina?
M.A.Z.: Acá la cosa siempre fue difícil, tampoco nos engañemos. No por nada, figuras como Gardel o Piazzolla salieron al exterior porque se dieron cuenta de que el asunto del laburo estaba afuera. Eso no ha cambiado. Yo presento mis espectáculos en Buenos Aires porque nací acá, porque acá está mi esencia, porque extraño cuando estoy afuera, porque acá están esas raíces de las que te hablaba. Pero siempre, después de un tiempo en la Argentina salimos al exterior. Es irremediablemente así; y yo afuera soy un bacán que nunca seré en mi país. Así que esta vez, después de 10 semanas en el Metropolitan, viajaremos con la compañía a Italia y al Líbano, un lugar al que también ha llegado el tango y donde tengo que dar algunas clases.
Entrevista de Ricardo Salton


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