- ámbito
- Edición Impresa
Pese a los rencores, un avance
La fórmula del éxito diplomático del lunes estuvo dada por la garantía extendida por Turquía de que, en caso de incumplimiento, compensará a Irán los 1.200 kilos de uranio enriquecido al 3,5% que hará entrega a Rusia y a Francia para su purificación al 20%. La duda de Teherán era que ese canje se viera afectado por alguna excusa y que su reactor de radioisótopos se viera privado de los elementos combustibles para su funcionamiento, además de perder el uranio enriquecido entregado.
Sin embargo, el acuerdo es parcial y no resuelve el problema de fondo. Irán seguirá enriqueciendo uranio al 20% en la planta de Natanz y, según lo anunciado por el propio presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, a un ritmo sustancialmente mayor. Ése es el punto central de la controversia y en eso, a pesar del esfuerzo diplomático del Brasil, no hay acuerdo.
Esto significa que la confrontación continuará y la amenaza de sanciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas seguirá latente (ver aparte).
Ganar tiempo
La mediación del Brasil y Turquía le ha ofrecido a Irán la posibilidad de ganar tiempo y un cuadro de mayor distensión. Esto ha irritado a algunos miembros del Grupo de los Seis, en particular a Alemania, Estados Unidos, Francia y el Reino Unido. El presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, ya le había expresado su escepticismo a Brasil en vísperas del viaje de Lula da Silva a Teherán. China había mantenido silencio.
Uno de los problemas que ha enfrentado el presidente del Brasil en su gestión diplomática ha sido la resistencia de las principales potencias a ver cómo un tercer país intercede en una cuestión que consideran de su competencia exclusiva. Ese solo aspecto ha resultado intolerable, independientemente del éxito de la misión, y la condenaba a una valoración relativa por parte de esas mismas potencias.
Gestión relevante
Más allá de esos comentarios, la gestión alcanzada por el Brasil y Turquía es relevante, aunque sea de alcance parcial. Es de esperar que, como contrapartida de ese esfuerzo diplomático, Irán enmiende intenciones y abandone el programa de enriquecimiento de uranio al 20%, por cuanto no habría ninguna justificación técnica para insistir en ese proyecto. No hacerlo reafirmaría una voluntad proliferante.
La gestión diplomática del Brasil pone también de manifiesto que, a la hora de considerar los problemas sensibles a la seguridad internacional, la responsabilidad no es exclusiva de un puñado de países y que todos los miembros de Naciones Unidas tienen un papel central que desempeñar. Muchos otros temas de la agenda multilateral deberían seguir ese ejemplo.


Dejá tu comentario