10 de febrero 2010 - 10:45

Piñera armó gabinete con allegados y un "borocotó"

Sebastián Piñera priorizó a jóvenes, técnicos y allegados a la hora de formar el Gobierno que dirigirá a partir del 11 de marzo, que fue anunciado ayer. Le dio una cartera complicada a su rival interno, Joaquín Lavín.
Sebastián Piñera priorizó a jóvenes, técnicos y allegados a la hora de formar el Gobierno que dirigirá a partir del 11 de marzo, que fue anunciado ayer. Le dio una cartera complicada a su rival interno, Joaquín Lavín.
El gabinete hecho público ayer por Sebastián Piñera deja claras varias improntas del futuro Gobierno chileno. Como lo requiere un self made man del centroderecha, el presidente electo priorizó en cargos clave a incondicionales y a técnicos liberales por sobre próceres partidarios de la UDI y Renovación Nacional (RN). A su vez, como rara avis no pinochetista de su sector, dio paso a nuevas generaciones que le permitirán reforzar la vuelta de página, y como maldad política, logró anotar a un ministro proveniente del seno de la Concertación que no estaba en los planes hace un mes y le asignó a un enconado rival interno una cartera complicada, la de Educación, en la que le costará brillar.
El propio Piñera se ocupó ayer de destacar, en un acto en el Museo Histórico de Santiago, que los electos «son 22 hombres y mujeres con una capacidad y formación académica probada».
Entre los incondicionales y a la vez jóvenes se destaca Rodrigo Hinzpeter en Interior. Éste acompañó a Piñera cuando las jefaturas de los dos partidos de la coalición conservadora se resistían a que el todavía dueño de Lan fuera candidato presidencial por segunda vez. Ganada esa batalla, el abogado Hinzpeter fue jefe de la reciente campaña, y era número cantado para la principal cartera política.
En el mismo rubro de la lavada de cara se ubica Ena von Baer, de la pinochetista Unión Demócrata Independiente (UDI), aunque esta joven periodista no es precisamente un ícono de ese mundo. Un rostro fresco, con dotes mediáticas, podría darle frutos en el rol de ministra vocera, como lo supo hacer Carolina Tohá en la remontada de Michelle Bachelet del último año y medio.
Como anticipó Ámbito Financiero, el economista liberal egresado de Harvard y docente de la Universidad Católica Felipe Larraín será el encargado de Hacienda. Este amigo del mandatario electo será uno de los responsables de un paso osado: abrir al capital privado parte del gigante estatal del cobre Codelco.
Con el futuro secretario general de la presidencia Cristián Larroulet, jefe de la ultraliberal Fundación Libertad y Desarrollo y del entorno más próximo a Piñera, éste acepta el peso de nominar en primera línea a un ex funcionario del régimen pinochetista. Larroulet fue jefe de Gabinete de Hernán Büchi, artífice del emblemático plan económico de la dictadura en los 80.
En Salud, el todavía propietario de Chilevisión designó a Jaime Mañalichal, director de la Clínica Las Condes, otra de sus compañías más rentables; y en la Cancillería, sorprendió con el empresario Alfredo Moreno.
Ya desde la campaña, Piñera venía mortificando a una Concertación en ebullición con que le iba a birlar a uno o varios de sus dirigentes, lo que era desestimado muy especialmente por la Democracia Cristiana de Eduardo Frei.
El «borocotó» en cuestión resultó ser Jaime Ravinet, un hombre relevante aunque no del top ten del oficialismo. Ravinet irá a Defensa, el mismo cargo que ocupó durante el Gobierno de Ricardo Lagos (sucedió a Bachelet). Fue el primer alcalde de Santiago de la recuperada democracia y cayó derrotado tan sólo en 2008 en la carrera por el mismo puesto. El dirigente renunció ayer a la Democracia Cristiana antes de que lo echen. Por último, otra perla del gabinete piñerista. Joaquín Lavín (emblema de la UDI, ex candidato presidencial por la alianza de derecha en 2000 y derrotado por Piñera en 2005, cuando la coalición se dividió en primera vuelta) era número puesto para ocupar una silla ministerial. Se lo mencionaba para Obras Públicas, pero recaló en Educación. Un sindicato docente combativo, tanto como los estudiantes secundarios, y un descontento generalizado, entre otras cuestiones, por una educación universitaria carísima, prometen no hacerle fácil la tarea.

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