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Piñera buscará poner fin el domingo a 20 años de poder de la Concertación
Eduardo Frei, el ex presidente democristiano que actúa hoy un progresismo que excede su trayectoria, y Sebastián Piñera, el empresario más rico de Chile, son los principales protagonistas de la elección presidencial del domingo.
En la Alameda y Portugal, a pocas cuadras de la Casa de Gobierno, tras las palabras de Piñera focalizando en la inseguridad, tocan músicos populares. Suena bien Américo: «Si es verdad/ déjalo ahí/ embrujado y hechizado por ti».
La docente Gloria Muñoz, de más de cincuenta, no baila como casi todos, habla con Ámbito Financiero. «Todo lo que dice la Concertación es mentira. En el hospital te dan hora para dentro de diez meses. La educación es pésima», sintetiza esta profesora de inglés de la barriada de Conchalí.
Esta vez, el oficialismo optó cerrar en Concepción, segunda ciudad de Chile y bastión de «la izquierda». A Eduardo Frei lo acompañaron -toda una transfusión de «gancho» popular- Ricardo Lagos y la madre de Michelle Bachelet, Ángela Jeria.
Las cartas están echadas. Un triunfo del orden del 45%, como indican los sondeos, para el dueño total o parcial de LAN, Chilevisión, el Colo Colo, un cuarto de la isla de Chiloé, Constructora Aconcagua y Farmacias Ahumada, entre otros rubros, lo dejaría en excelente posición de cara al balotaje del 17 de enero. No obstante, sería un error considerarlo definitorio.
Proyección
Además de que Piñera ha sido clave para romper las fronteras de la Coalición por el Cambio, su proyección hacia el balotaje radica en la inédita debilidad y división de la Concertación oficialista que hegemonizan la Democracia Cristiana y el Partido Socialista.
Será cuesta arriba para el oficialismo el impacto psicológico de la primera derrota en una elección presidencial desde 1989, y por amplio margen, ya que no obtendría más del 35%.
Ya en 1999, el entonces postulante por la Alianza por Chile, Joaquín Lavín, sumó un 47,51% en primera vuelta, y cuatro años más tarde, con dicha coalición dividida entre la Unión Demócrata Independiente (otra vez Lavín) y Renovación Nacional (Piñera), el sector alcanzó un 48,63%. El problema de ambos fue el balotaje. No sumaron casi nada.
Es previsible que, como ocurrió en el pasado, el postulante de la Concertación cosechará íntegramente el voto de la alianza Juntos Podemos, que postula al ex ministro de Allende Jorge Arrate, con el Partido Comunista como principal actor. La izquierda más ideológica cerraba anoche su campaña a pocas cuadras de Piñera. No se reportó ningún incidente.
Distinto es el caso de quienes apoyen al independiente de centroizquierda Marco Enríquez-Ominami, emigrado en marzo pasado del oficialismo.
El último sondeo fue un balde de agua fría para el tercer candidato en pugna. Protagonista de un ascenso vertiginoso que le permitió de hecho romper el bipartidismo, Marco quedaría fuera del balotaje si se confirma en las urnas el 17,7% de los apoyos que le atribuyó el Centro de Estudios para la Realidad Contemporánea (CERC).
Uno de los máximos responsables del equipo de Enríquez-Ominami reconocía ayer ante este diario que se avecina un panorama difícil para la formación, acaso definitivo. El joven cineasta logró sumar por derecha y por izquierda, y casi no presentó candidatos a diputados (se renueva la Cámara baja y la mitad del Senado). Sin ninguna estructura, habiendo apostado mucho más a Facebook que a la dirección orgánica, la segunda vuelta se presenta como un puente a la ruptura.
* Enviado Especial


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