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Piñera le da pelea a Frei en barrios pobres y estira ventaja
Sebastián Piñera hizo campaña ayer en Santiago. Las barriadas populares de la capital chilena han dejado de ser un bastión de la alianza de centroizquierda gobernante, y la derecha da pelea incluso allí.
Llega la caravana de Frei. Se acerca a recibirla el alcalde Claudio Arriagada y candidatos a diputados por esta circunscripción. Unos quince periodistas y camarógrafos locales no se mueven. El ex presidente (1995-2000) avanza ochenta metros, con la mano en el hombro de Arriagada. Los camarógrafos se ponen en acción sin avanzar. Nadie aborda al candidato. Estrecha la mano de los asistentes.
Encuesta
Frei es un hombre curtido y circunspecto. No se detecta en su rostro mayor preocupación que la habitual por la encuesta difundida por la firma CERC que, dato elocuente, está vinculada a la democracia cristiana. El estudio marcó un 44% para el postulante conservador Piñera, un 31% para el oficialista, el 17,7% para el emergente de 36 años Marco Enríquez-Ominami, y el 7,2% para Jorge Arrate, de la alianza Juntos Podemos, que incluye al Partido Comunista. Si esos números son premonitorios para las elecciones presidenciales del domingo, Frei le habrá torcido el brazo al irreverente socialista Enríquez-Ominami, pero en la pelea se habrán desangrado ambos, y Piñera, megaempresario de Chile, quedará en muy buena posición para el balotaje de enero.
El sondeo marca que Frei no mueve demasiado el amperímetro de los votantes de Enríquez-Ominami y Arrate, más ideologizados los segundos. En segunda vuelta, según CERC, Piñera ganaría 49% a 32%.
Desánimo
La novedad no es tanto que la alianza conservadora haya roto fronteras, especialmente hacia el voto humilde, lo que quedó evidenciado en las primeras vueltas de 1999 y 2005, sino que el oficialismo de centroizquierda se encuentra desanimado, disperso y con muy escaso interés de reconciliación.
Nadie puede negar el origen popular del Partido Socialista y de la democracia cristiana, los pilares de la Concertación que gobierna Chile desde 1990. «La corporación», como se menciona aquí al partido de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, el envenenado Frei Montalva y Patricio Aylwin, es fuerte en las barriadas del interior del país. También lo es en San Gregorio, con casas sencillas y dignas que rodean la plaza donde se montó el acto concertacionista. El segmento popular es precisamente donde el oficialismo puso todos los focos en la última semana.
En San Gregorio todo el mundo advierte sobre un peligro delincuencial que, en rigor, no se percibe. «Pero es adentro», aclaran, señalando el más allá de La Granja, comuna a la que pertenece San Gregorio. Precisamente, el foco en la inseguridad y prácticas de «voto heladera», según denuncian los oficialistas, activaron una notable penetración de la Unión Demócrata Independiente (UDI), el lema de la alianza opositora más genuinamente pinochetista en su origen, hasta convertir a esta formación en la más votada de Chile en elecciones parlamentarias y municipales.
El alcalde local, antes de dar paso a un cantante melódico y bailantero, hace mención a una realidad que, según dice, es habitual en La Granja. Afirma que muchos jubilados allí ganan el equivalente a u$s 150 y deben pagar u$s 75 de luz, y arremete a fondo contra los «privatistas». Tras la música, Frei habla en el mismo registro y le tira una patada más a Enríquez-Ominami: «Se necesitan equipos, no se puede gobernar con una sola persona, por más iluminada que sea».
Mujeres humildes, rostros morenos, ancianos, portan banderitas de Frei y del Partido Socialista. Otros apenas curiosean. Anabel Dinamarca, parada junto a su hija y su pareja, ratifica los dichos del intendente y de Frei. Cuidadora de bebés y votante de siempre de la Concertación, alerta que «Piñera es volver al pasado». «El hermano de él (en referencia a su pareja) era escolta de Allende y nunca más apareció. Han pasado cosas atroces y no se hace justicia».
Adhesión
El escritor Antonio Skármeta está en San Gregorio para manifestar una vez más su adhesión al oficialismo. Explica los motivos a este diario: «¿Dónde está refugiada toda esa gente cómplice de la violación a los derechos humanos del régimen de Pinochet? Está en la coalición de Piñera. Quizá deban pasar un par de décadas para que la derecha se purifique». ¿Y Marco? Skármeta responde con otra pregunta: «¿Con qué instrumento un eventual y remoto candidato como Enríquez-Ominami podría gobernar sino con la fuerza que ha hecho grande a este país?».
* Enviado Especial a Chile


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