26 de agosto 2014 - 00:00

Pioneras de la danza contemporánea según la cámara de Da Rin

La artista muestra a través de 30 fotografías de breve formato, un universo femenino donde los cuerpos de las mujeres entablan un diálogo íntimo e intenso a la vez, con varias disciplinas del arte.  Flavia Da Rin, que es además una excelente intérprete, supo sacar partido de sus dotes de actriz y se introdujo en la piel de bailarinas rumanas, reproduciendo, por ejemplo, fotos tomadas por Constantin Brancusi.
La artista muestra a través de 30 fotografías de breve formato, un universo femenino donde los cuerpos de las mujeres entablan un diálogo íntimo e intenso a la vez, con varias disciplinas del arte. Flavia Da Rin, que es además una excelente intérprete, supo sacar partido de sus dotes de actriz y se introdujo en la piel de bailarinas rumanas, reproduciendo, por ejemplo, fotos tomadas por Constantin Brancusi.
La galería Ruth Benzacar exhibe la muestra "Terpsícore entreguerras" de Flavia Da Rin, un nuevo trabajo de la artista con su cámara fotográfica, donde se cruzan la investigación y la creación. Da Rin vuelve atrás en el tiempo. A partir de la visión de unas imágenes de la exposición "About Sculpture: Hans Arp & Constantin Brancusi", se interna en el inquietante período de entreguerras. La artista relata un detalle significativo de esa muestra y, observa: "Junto a las piezas de Arp había una docena de fotos tomadas por Brancusi en su taller y, entre ellas, dos imágenes de una joven mujer vestida con atuendos muy vanguardistas y teatrales. En el reverso de la foto decía: 'Lizica Codreanu, dancing in Brancusi studio, costume by Irina Brancusi'.

Con este dato, Da Rin descubrió a través de Internet la vida de su personaje. Lizica Codreanu, una bailarina rumana nacida en el año 1901, había estudiado artes plásticas e historia del arte y había llegado a Paris en 1919. Codreanu iba en pos de su hermana que había dejado su Rumania natal para estudiar escultura con Constantin Brancusi.

Da Rin
llegó de su viaje y trabajó "Con el diablo en el cuerpo", como los personajes de la célebre novela de Raymond Radiguet. El escritor, según Jean Cocteau "devolvía la juventud a las recetas viejas. Les quitaba la pátina a los tópicos. Decapaba los lugares comunes. Cuando ponía la mano en lo que fuera, era como si esa mano torpe devolviera al agua alguna concha. Era privilegio suyo, y era el único que podía aspirar a ello". Con facultades similares, nuestra artista, que es una excelente intérprete, supo sacar partido de sus dotes de actriz y se introdujo en la piel de sus bailarinas rumanas. Así se autorretrató como Lizica en el taller de Brancusi, ataviada con sombreros cónicos y un vestido de formas austeras pero contundentes, rodeada de grandes esculturas totémicas. "Ella misma, Lizica, parece una escultura, con sus movimientos detenidos. La foto fue tomada por Constantin Brancusi cuando preparaba el vestuario para el ballet de Eric Satie 'Gymnopedies'", destaca Da Rin.

Casada con un escultor admirador de Brancusi (Luis Terán), la artista cuenta que le resultó fácil encarnar a Lizica, transfigurarse y representar esas primeras escenas de la danza contemporánea. "Ver a esta mujer danzando entre esas obras totémicas, de una materialidad tan contundente, me generó una empatía instantánea. Conocía esa atmósfera de primera mano. Pensé que podíamos hablar la una a través de la otra", agrega Da Rin. De hecho, las imágenes han capturado la osadía, el espíritu de una época donde el teatro ocupa un lugar especial, con sus vestuarios y escenografías se convirtió en un pequeño laboratorio de las experiencias de la vida.

Da Rin buscó entonces unos reflectores, el trípode y la cámara, y partió una tarde hacia el taller de escultura del Museo de Arte Moderno. De este modo obtuvo las primeras imágenes en blanco y negro de las series que exhibe Benzacar.

Desde que comenzó su carrera, con la marcada influencia del comic japonés y las imágenes estereotipadas que le daban a su rostro la apariencia de las niñas de ojos grandes de los dibujos "Manga", la artista posa para sí misma y luego elabora sus obras con intervenciones digitales. Ella es su propia modelo, es autora y productora; se afirma en la propia identidad y desde ese lugar pega el salto para apropiarse del personaje elegido.

Entretanto, los tiempos de la vanguardia en París comenzaron a desplegar ante sus ojos un extenso campo para la investigación. Otras mujeres habían participado de ese mundo que cambió de modo rotundo el canon estético y que sentó las bases de la performance y las practicas interdisciplinarias. A Lizica Codreanu que usaba diseños de Sonia Delaunay, la sucede en las imágenes de la muestra, la futurista Giannina Censi, con la aerodanza que refleja la fascinación futurista por el dinamismo de la revolución industrial, el quiebre de la inmovilidad del clasismo y el mito de la máquina, veloz irradiando su fuerza por el mundo. Mary Wigman por su parte, está también recreada por Da Rin, y las fotografías ponen en evidencia una danza ligada al movimiento expresionista, capaz de mostrar el abismo que se abre entre el arte tradicional y la cruel realidad y los horrores de la Primera Guerra Mundial.

La artista muestra a través de 30 fotografías de breve formato, un universo femenino donde los cuerpos de las mujeres entablan un diálogo íntimo e intenso a la vez, con varias disciplinas del arte.

A los 36 años, Da Rin, que inició su carrera en Ruth Benzacar cuando en 2002 ganó una mención en el premio Curriculum Cero para jóvenes sin antecedentes, participó luego de la Beca Kuitca del Centro Cultural Rojas y ha expuesto en museos, galerías y ferias de medio mundo.

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