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Pisa Benedicto XVI suelo bajo el flagelo narco
Benedicto XVI
La espiral sangrienta surgida tras la ofensiva contra los carteles ha arrojado la elocuente cifra de más de 60.000 muertos, 10.000 desaparecidos y entre 150 mil y 500 mil desplazados en los últimos cinco años, según cifras independientes.
El Gobierno asegura que en la lucha anticrimen, respaldada por 100.000 elementos de las Fuerzas Armadas, el 40% del total, han sido asesinados casi 3.000 miembros del Ejército y los diferentes cuerpos de la Policía.
Aunque Guanajuato, donde llegará hoy el Papa, es una zona con poca actividad criminal, operan al menos cinco carteles, y está rodeada de estados que figuran en color rojo en el mapa del narcotráfico, como Guerrero, Michoacán y Jalisco. En este sentido, el Papa llegará a dar consuelo a las víctimas de este conflicto, que han encontrado en la Iglesia el último refugio y el confort espiritual que no les pueden brindar las autoridades a pesar de algunos programas de asistencia psicológica a víctimas en ciertos estados azotados por la delincuencia.
El presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Carlos Aguiar Retes, declaró el pasado 8 de marzo que el papa Benedicto XVI «conoce perfectamente» que «el gran problema» de México «es la inseguridad y la violencia, y la falta de una articulación ciudadana para construir la paz».
Por ello, «dará un mensaje de paz en el marco de lo cual sabe que el fenómeno no puede solucionarlo el país solo, sino que se requiere de un esfuerzo global», dijo.
Según la Iglesia, los millones de mexicanos que se han visto envueltos de manera directa o indirecta en la vorágine de la criminalidad, esperan con ansiedad las palabras de aliento del Pontífice.
Fernando Sandoval, vicario de la Diócesis de Ciudad Victoria, capital del norteño estado de Tamaulipas, en la frontera con Estados Unidos, una de las zonas más golpeadas por la violencia, afirma que los afectados por este flagelo «no tienen otra salida más que recurrir a la Iglesia como único refugio seguro para hallar consuelo y esperanza por un familiar muerto o desaparecido».
Sandoval dijo que cada vez llega más gente a los templos «a pedir ayuda espiritual o un consejo para tener esperanza en Dios» y sostiene que son mujeres sobre todo, más que hombres.
Se estima que uno de los impactos más fuertes de la violencia, después de las muertes y desapariciones, es el temor de sufrir secuestros o quedar en medio de un tiroteo y morir por una bala perdida.
Al menos 150 mil personas se han visto obligadas a abandonar sus estados de origen, sobre todo desde los estados del norte (Chihuahua, Tamaulipas, Sinaloa, Coahuila, Durango, Baja California y Nuevo León), pero también del occidente y sur (Michoacán, Guerrero y Veracruz), según Fidel López, académico del Instituto José María Luis Mora y consultor de Naciones Unidas.
Otro de los efectos de la violencia han sido los 50 mil niños que organizaciones civiles calculan que han quedado huérfanos, de 2006 a 2011, como consecuencia de la «guerra» contra el narcotráfico. La Red por los Derechos de la Infancia en México ha informado además ante la ONU que más de 25 mil menores han sido reclutados por los narcotraficantes. A todas estas víctimas, el Papa les brindará mensajes de solidaridad bajo la idea, según el nuncio apostólico Christophe Pierre, de que México «no sólo está hecho de problemas de violencia y el santo padre sabe de la difícil situación que pasa el país».
«El Papa quiere ver quiénes son los mexicanos de hoy. México no sólo está hecho de problemas de violencia», afirmó Pierre.
Agencia ANSA


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