7 de junio 2011 - 00:00

Poderosa presencia de Villar Rojas

Las obras monumentales de Adrián Villar Rojas en Venecia se alejan de los lugares comunes del arte político y conceptual y establecen un campo propio de significaciones.
Las obras monumentales de Adrián Villar Rojas en Venecia se alejan de los lugares comunes del arte político y conceptual y establecen un campo propio de significaciones.
Venecia - El rosarino Adrián Villar Rojas, artista elegido por la Cancillería Argentina para representar a nuestro país, presentó «El asesino de tu herencia», un Site specific, es decir, una obra realizada especialmente para la Bienal. Al ingresar a la sala de 250 metros cuadrados y gran altitud, se encuentra el grupo de inmensos monumentos, formas que luego de dos meses de trabajo in-situ con la ayuda de diez escultores y constructores, seis asistentes y 25 toneladas de materiales, se levantan como gigantescas esculturas que rodean al espectador.

Las obras, que oscilan entre la figuración y la abstracción, imponen su poderosa presencia, se alejan de los lugares comunes del arte político y conceptual para ostentar su llamativa originalidad. Para comenzar, los materiales, la arcilla, el cemento, la madera y la arpillera, entre otros elementos, determinan no sólo los aspectos formales de estos monumentos sino que además configuran su finalidad y su sentido estético.

El color sordo y monocromático se mueve entre los grises y ocres, mientras el material, con la rusticidad de su acabado manual, su naturaleza precaria y hasta sensible, brinda la condición fantasmal de una ruina. No obstante, a pesar de la tosquedad de su aspecto, es preciso advertir que la incertidumbre y la tensión que genera la instalación, reside en el equilibrio inestable de esas formas que se elevan casi hasta el techo del Arsenal y que demandaron cálculos y más cálculos para sostenerlas en pie.

De este modo, al primitivismo que se percibe en la obra, se contrapone el apoyo de la alta tecnología para su ejecución. Luego, la inmensa instalación representa un relato ideado por el artista: Villar Rojas imagina una civilización que se extingue y cinco hombres, los últimos individuos de una especie, reunidos para la ejecución de una obra de arte.

En la historia de la humanidad los monumentos son los gestos de solidaridad de unas generaciones a otras, y esta historia configura el amplio territorio donde se desplaza la imaginación del artista. Si se recuerda que los bárbaros no dejan nada detrás de sus pasos y si se observa que cada vez más la humanidad y el arte se aferran al presente, Villar Rojas sorprende. A los 31 años remonta vuelo tratando de adivinar un futuro inasible, y confiesa: «Construyo monumentos porque no estoy listo para perder nada».

La instalación que se presenta en la Bienal de Venecia, tendrá una continuación en un monumento similar que será emplazado en el Jardin de Tuileries de Paris durante 2011, con la cooperación de SAM ART Projects y el Musée du Louvre.

Para la presentación en Venecia se publicaron dos libros, uno dedicado a los proyectos monumentales del artista, editado por Kültur Büro (Bélgica), con textos del curador del envío, Rodrigo Alonso y de Alan Pauls, y el catálogo oficial de la representación argentina en la Bienal de Venecia, editado por la Cancillería Argentina, también con textos de Alonso.

En estos últimos años Rosario, ciudad de artistas talentosos, ha provisto figuras brillantes, Villar Rojas es una de ellas. Sin inmutarse pasa de la incomparable Feria de Art Basel a asumir el papel de DJ del espacio alternativo Mite, y de las mejores galerías de Londres, San Pablo, París y el DF de México, a los muy modestos locales del Pasaje Pam rosarino que nunca abandonó.

En la muestra «Lo que el fuego me trajo» (Ruth Benzacar, 2008) llamó la atención con el montaje de un paisaje fantasmagórico, de un espacio desvastado que el observador recorría como si fuera el último sobreviviente de una catástrofe. Los fragmentos de algunas obras de arte, como el David de Miguel Ángel todavía en pie, aparecían jerarquizadas como auténticas reliquias, con su belleza y su fragilidad. Algunas piezas guardaban un orden incierto sobre unos estantes y los espectadores deambulaban por esa marea de escombros, obligados a imaginar una desgracia que todavía estaba por acontecer. Un video de Marcelo Gutman permite revivir esas sensaciones (http://www.youtube. com/watch?v=C9YBDeyyeXg).

La crítica de arte rosarina Beatriz Vignoli, que ha seguido paso a paso la carrera del artista, observa que la obra «alude a la desesperada necesidad de armarse un sentido a partir de las astillas de un mundo que estalló», y agrega que «el mito apocalíptico posmoderno de un después del fin es crucial en Villar Rojas».

A.M.Q.

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