17 de diciembre 2009 - 00:00

Polémica intervención del Gobierno perjudica el precio de los granos

Nadie en el mundo, por más amor que tenga por una actividad, sigue apostando a ella sin que tenga un correlato con un resultado palpable. Esto, que supone un criterio cuasi universal, tiene una honrosa excepción en el sector agropecuario.

Evidentemente no todas las generaciones son iguales. El abuelo, tenía un criterio, el padre otro, y el nieto hoy, piensa más en otra latitud que en esta bendita tierra para hacerla producir.

Estas diferencias y apegos han llevado a despoblar al sector. Este éxodo se produjo por falta de alicientes. Pero como enuncie al comienzo todavía queda gente con pasión para producir pese a todos los contratiempos imperantes.

Producir en la Argentina no sólo debe enumerarse como un sano sentimiento sino también debe ser negocio.

Como queremos lo nuestro, lo que hacemos de sol a sombra, consideramos que hay que sacar enseñanzas de los errores cometidos, y no insistir en prácticas obsoletas y de malos resultados conocidos por todos.

Hechos

Esto no pretende ser un correlato a la ligera y sin sustento, todo lo contrario, por ello a los hechos concretos nos remitiremos.

Quien escribe -como la mayoría de los productores agropecuarios en nuestro país- desarrollamos la actividad mixta, es decir agricultura y ganadería.

Centrándonos en el aspecto agrícola, acabamos de cosechar el trigo, cereal vital para el sustento de los argentinos y de los productores para poder solventar sus costos de la cosecha gruesa. Ahora bien pese a las trabas, marchas y contramarchas algunos audaces lo sembramos, lo cosechamos, pero la pregunta es: ¿cómo hacemos para venderlo sin precio, ni mercado?

Esto enrarece la comercialización y complica aún más la mesa de los argentinos que se dice defender. Esta perversidad o impericia llevó a sembrar la menor superficie de trigo en 100 años de nuestro país.

Con el maíz, tan importante en las rotaciones para evitar el monocultivo con las consecuencias nefastas para el ecosistema, ocurre lo mismo.

Los precios no se sugieren, ni se decretan, los debe fijar el mercado con el libre juego de los operadores calificados.

Desconocer las Bolsas es negar el futuro y el crecimiento de la Argentina.

Estas intervenciones nefastas llevan a la «sojadependencia» con los resultados y complicaciones no deseadas y a los despoblamientos de los campos y el florecimiento de taperas.

Sin precio no hay negocio, no hay despegue ni crecimiento posible. De allí la imperiosa urgencia de mandar señales positivas, y no alarmantes.

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