• CERRÓ UN PACTO CON EL VATICANO. FUERTES PROTESTAS
Benedicto XVI y Luiz Inácio Lula da Silva rubricaron hace poco tiempo un acuerdo que, entre otros aspectos, permite la reintroducción de la enseñanza religiosa en las escuelas estatales brasileñas. El texto es ahora tratado por el Congreso en medio de una fuerte polémica.
Río de Janeiro - El acuerdo que Luiz Inácio Lula da Silva firmó con el Vaticano, que establece la posibilidad de que se reimplante la enseñanza del catolicismo en las escuelas públicas brasileñas, ya es tratado con carácter de «prioridad» por el Congreso, en medio de una fuerte polémica y acusaciones de que constituye una amenaza al Estado laico.
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El tratado, de veinte artículos y firmado por Lula y Benedicto XVI el 13 de noviembre último en el Vaticano, causa reacciones adversas, desde acciones judiciales de grupos evangelistas hasta un blog liderado por entidades de defensa del Estado laico y la diversidad religiosa. Uno de los principales críticos del acuerdo es el prestigioso ex juez del Superior Tribunal de Justicia (Corte Suprema), Waldemar Zveiter, quien hizo público un manifiesto y envió una comisión a Brasilia para entregar un oficio que les aclare a los diputados y senadores cómo el acuerdo con la Santa Sede vulnera la Constitución.
Zveiter, quien sirvió entre 1989 y 2001, durante los gobiernos de José Sarney y Fernando Henrique Cardoso, explicó a Ámbito Financiero las razones de su indignación. «El Estado no puede imponer a nadie el estudio de una religión. Tanto es así que en el acuerdo se instituye como una opción (para todas las escuelas municipales del país) y prevé que no se aplique exclusivamente a la Iglesia. ¿Pero cuántos otros papas existen en el mundo para establecer un acuerdo con el Gobierno brasileño? La Iglesia Católica tiene fuerza económica, política, moral y espiritual. Y pretende continuar dominando, al menos esta parte occidental del mundo», alertó.
Lo que más llama la atención de los críticos del pacto es que el propio Lula había enfrentado al papa Benedicto XVI durante su visita al país en mayo de 2007, afirmando que no aceptaría presiones de la Iglesia sobre el aborto y el uso de preservativos porque el país debería «preservar y consolidar el Estado laico».
También consultado por este diario, el profesor de Ética y Filosofía Política de la Universidad de San Pablo (USP), Renato Janine Ribeiro, alertó sobre las consecuencias de que el Congreso apruebe el acuerdo. «Los perjuicios son mayores que las ventajas. De haber enseñanza religiosa en las escuelas, creo que debe ser pluralista. No siendo así, es catequesis, es prédica. Eso puede ser legítimo, pero no en la escuela y, sobre todo, no en la escuela pública», apuntó.
Las religiones que se enseñen, continuó el experto, «¿serán presentadas bajo la forma de catequesis o de estudio? Si fuera el segundo caso, entonces el mismo grupo debe tener clases sobre catolicismo, protestantismo, budismo, entre otras. Eso implica que el profesor sea siempre el mismo, que no sea un catequista, sino un estudioso de historia de la religión. ¿Y por qué no enseñar agnosticismo y ateísmo?».
Contactado por Ámbito Financiero, el Ministerio de las Relaciones Exteriores aclaró que el documento, redactado por canciller Celso Amorim, fue minuciosamente discutido por la diplomacia de los dos estados desde principios de la década del 80. «Fue una negociación lenta, hecha por el Gobierno brasileño y sus diversas instancias, implicadas en cada artículo, y el Vaticano». «El objetivo de este acuerdo es facilitar y fortalecer el histórico y tradicional relacionamiento del Estado brasileño con la Santa Sede. Este documento no trae innovaciones, es sólo una especie de compilación de artículos que estaban dispersos en varias legislaciones brasileñas», minimizó un vocero de Itamaraty.
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