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"Poliuto" vuelve de un olvido de 114 años
Con un libreto de Salvatore Cammarano basado en la tragedia de Corneille, «Polyeucte», Gaetano Donizetti elaboró también él una tragedia a la altura del héroe retratado: Poliuto, quien al convertirse al Cristianismo en la Armenia del siglo III (año 257 D.C.), sufrirá terribles tormentos que lo llevarán a la muerte. En la ópera de Donizetti, esta historia de fuerte contenido religioso y halo épico innegable, se detectan algunos de los signos básicos del romanticismo (se estrenó en París como «Los martirios», en 1840) y sintetiza el desarrollo de los procedimientos del bel cantismo de forma contundente, sobre todo en magníficos «concertantes» más que en números individuales, que los hay y no les falta belleza.
En la función que vimos, el maestro Giorgio Paganini logró dar organicidad a la orquesta luego de una introducción en la que luchó con incómodos cambios dinámicos. Su fuste e intensidad en la conducción se apreció ampliamente en las grandes escenas sinfónico corales de la obra.
La régie e iluminación de Eduardo Casullo se atienen a lo tradicional y tanto los solistas como el coro cuentan con el rigor en la organización espacial del director escénico. Algún toque kitsch, sobre todo en lo que hace a las bailarinas adolescentes, no lleva la sangre al río.
El elenco ofrece buen canto y actuaciones cuidadas. Adelaida Negri interpreta a una verosímil Paulina con las características de su tesitura de soprano con un registro agudo exigido en extremo. Hay dos cantantes brasileños de nobles recursos vocales: el barítono Douglas Hahn (el mejor de los dos) como Severo y el tenor Miguel Geraldi como Poliuto. El resto de los integrantes del reparto no desentona y se une a un aguerrido y expresivo Coro de la Casa de la Opera, dirigido por Ezequiel Fautario, eje fundamental de la representación de este tardío, pero bienvenido, reestreno.


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