25 de septiembre 2009 - 00:00

"Poliuto" vuelve de un olvido de 114 años

El carácter independiente de La Casa de la Opera de Buenos Aires hace que cada uno de los productos de su factoría posea el sello inconfundible del entusiasmo y el objetivo de contribuir al conocimiento del amplio repertorio lírico que no llega hasta nosotros por razones múltiples. La realización de «Poliuto» que se ve en estos días, viene a hacer justicia a una obra injustamente olvidada por espacio de 114 años, desde su última puesta en Buenos Aires realizada en 1895.

Con un libreto de Salvatore Cammarano basado en la tragedia de Corneille, «Polyeucte», Gaetano Donizetti elaboró también él una tragedia a la altura del héroe retratado: Poliuto, quien al convertirse al Cristianismo en la Armenia del siglo III (año 257 D.C.), sufrirá terribles tormentos que lo llevarán a la muerte. En la ópera de Donizetti, esta historia de fuerte contenido religioso y halo épico innegable, se detectan algunos de los signos básicos del romanticismo (se estrenó en París como «Los martirios», en 1840) y sintetiza el desarrollo de los procedimientos del bel cantismo de forma contundente, sobre todo en magníficos «concertantes» más que en números individuales, que los hay y no les falta belleza.

En la función que vimos, el maestro Giorgio Paganini logró dar organicidad a la orquesta luego de una introducción en la que luchó con incómodos cambios dinámicos. Su fuste e intensidad en la conducción se apreció ampliamente en las grandes escenas sinfónico corales de la obra.

La régie e iluminación de Eduardo Casullo se atienen a lo tradicional y tanto los solistas como el coro cuentan con el rigor en la organización espacial del director escénico. Algún toque kitsch, sobre todo en lo que hace a las bailarinas adolescentes, no lleva la sangre al río.

El elenco ofrece buen canto y actuaciones cuidadas. Adelaida Negri interpreta a una verosímil Paulina con las características de su tesitura de soprano con un registro agudo exigido en extremo. Hay dos cantantes brasileños de nobles recursos vocales: el barítono Douglas Hahn (el mejor de los dos) como Severo y el tenor Miguel Geraldi como Poliuto. El resto de los integrantes del reparto no desentona y se une a un aguerrido y expresivo Coro de la Casa de la Opera, dirigido por Ezequiel Fautario, eje fundamental de la representación de este tardío, pero bienvenido, reestreno.

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