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Por lo menos hay que discutir retorno del servicio militar
El desquicio en el que vive una buena parte de la juventud de nuestros días se debe, precisamente, a la ausencia de la noción de orden y a su aplicación como norma de vida. Los resultados, en todas partes, pero sobre todo en sociedades poco desarrolladas como la argentina, están a la vista. No hace falta recordarle al lector los males que se padecen cotidianamente y que van, desde los robos seguidos de muerte perpetrados por personas en edad temprana, hasta los asaltos, violaciones, secuestros, y violencia de todo tipo. La ausencia de disciplina, que es la resultante del desconocimiento del orden, se advierte incluso en el tránsito vehicular, con las consecuencias conocidas.
Las causas del desorden que campea por el mundo de la juventud son varias, unas más importantes que otras y tienen que ver con la ausencia de adecuadas pautas culturales y educativas, falta de dignificación por el trabajo y acostumbramiento a una forma de vida paupérrima en cuanto a valores y principios éticos y morales. Todo esto ha generado, además, y es lo más lastimoso, una inadecuada conformación psicológica en buena parte de la juventud. Bien puede decirse que el principio liberal «laisse faire, laisse passer» (dejar hacer, dejar pasar), se exacerbó a tal punto que los moldes liberales rebasaron, para convertirse todo en una olímpica impunidad con los efectos que se observan cotidianamente.
Una de las medidas del hiperliberalismo de la década del 90 en la Argentina fue la «suspensión» del Servicio Militar Obligatorio por parte del Gobierno de Carlos Menem, medida meramente política, copiada de una sociedad como la norteamericana, con otros valores culturales y principios, sin sustento en estudios serios y que contribuyó, en alguna medida, a este estado de desorden en el que se mueve la juventud argentina de hoy.
A poco que se mire el mapa del mundo, se verá que la mayor parte de los países mantienen hoy el servicio militar obligatorio. A esta altura de la reflexión, el lector se preguntará si es necesario que cese la suspensión de la antigua ley sobre servicio militar y en qué contribuiría esto a mejorar la formación de los jóvenes y favorecer a la sociedad en general. Y nada mejor para ello que tomar el modelo de algunos países como México que, aun cuando contempla el servicio militar, en la práctica muchos de los conscriptos están destinados a tareas sociales.
De manera que sí, la obligatoriedad del servicio debería retornar, pero no con un ánimo belicista, no con el propósito de promover la idea de muerte, sino con la idea de sublimación de la vida.
Ciertamente, la «suspensión» de la ley de servicio militar obligatorio durante el Gobierno de Menem, significó para la sociedad argentina: por un lado una sensación de alivio para algunos jóvenes (y sus familias) que veían entorpecer sus carreras de estudio o laborales. Pero el modelo, por otra parte, se encargó de imposibilitar el desarrollo de la niñez y la juventud de una amplia franja social. Estos jóvenes fueron arrojados primero al ocio, luego supieron de la imposibilidad de desarrollarse y finalmente muchos de ellos cayeron en la delincuencia. Las causas y efectos que pesan sobre esta franja social, víctima del hiperliberalismo, se advierten todos los días en toda la sociedad.
Desde este punto de vista, la suspensión del servicio militar obligatorio fue un error, pues lo que se necesitaba, en realidad, era la modificación de un régimen que era obsoleto y odioso, ciertamente. Tal modificación, y no la suspensión lisa y llana, hubiera significado una importante ayuda no sólo para los jóvenes de esa franja social abandonada, sino para la sociedad toda.
Nuevo régimen
¿Pero, de qué ayuda se habla? Del reconocimiento del orden y aprendizaje a través de los siguientes puntos que conforman el término de la suspensión del servicio militar obligatorio, y suplantación del antiguo régimen por uno nuevo que comprenda un modelo no de orden estrictamente militar, sino de características humanísticas y sociales. A saber:
Reclutamiento de jóvenes que hayan cumplido la mayoría de edad por parte del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, no con el propósito de prepararlos para la guerra, sino con el afán de instruirlos para la paz. Esta instrucción comprendería: formación física, formación intelectual, recibo de atención médica, aprendizaje de oficios, alfabetización y, si el Estado así lo dispusiera, eventual formación militar básica. Desde luego, habría excepciones y ellas serían para los jóvenes estudiantes y los que posean trabajo o aquellos que, por razones especiales y razonables, deberían ser desligados de la conscripción.
¿Qué se lograría? Sacar de la calle o de un medio ambiente hostil a la formación humana, a muchos jóvenes hoy en riesgo y que implican, además, un riesgo para la sociedad. Formación de muchas personas en artes y oficios. Disciplinarse y aprender el concepto de orden y respeto.
Por otra parte, el aprendizaje de oficios, junto con la instalación de talleres, permitiría la realización de muebles y útiles que serían de beneficio para escuelas, hospitales, instituciones y otras entidades incluso privadas, con lo cual el emprendimiento podría financiarse en parte o en todo según los casos. Ello permitiría, asimismo, conceder a los conscriptos de un haber.
La aplicación de un servicio de estas características implicaría, por otra parte, más fuentes de trabajo al necesitarse del auxilio de docentes, instructores y no docentes, además del personal de las Fuerzas Armadas.
Pero, por otra parte, un grupo humano así formado serviría para prestar ayuda social de todo tipo, desde trabajos comunitarios hasta tareas de auxilio en casos de desastres naturales. La ejecución de esta medida no demandaría un gasto excesivo para el Estado, puesto que todas las Fuerzas Armadas, en casi todos los puntos del país, disponen aún de unidades.
La medida significaría el rescate de muchos jóvenes que hoy están al borde de la ruina física, psicológica e intelectual, o determinados a ser absorbidos por la delincuencia y los efectos que ello conlleva para toda la sociedad. La cuestión debería ser debatida.


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