Diplomáticos de alto rango de Washington y Moscú quieren encontrarse el miércoles de la semana que viene en La Haya para promover una conferencia de paz largamente planeada. El tiempo apremia, aunque aún no se vislumbra una solución.
Rusia habla de una "provocación", tras las nuevas informaciones acerca del supuesto empleo de gas nervioso. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, Alexander Lukashevich, dijo que las duras acusaciones de la oposición al régimen de Bashar al Asad parecen un intento de poner al Consejo de Seguridad de su lado y minar los esfuerzos de paz. Incluso afirmó que el gas fue disparado desde una zona ocupada por los "terroristas". De esta forma, se posiciona una vez más como estrecho aliado de Al Asad.
Moscú, con poder de veto, bloqueó más de una vez resoluciones contra Damasco. Dice que los sirios deben solucionar el conflicto por sí mismos y se felicita recordando que es la única de las partes que habla con todos. Sin embargo, los expertos critican que el Gobierno ruso no presente pasos concretos ni se muestre dispuesto a compromisos.
De acuerdo con los analistas, el Kremlin teme perder con Al Asad su último socio en el altamente sensible y estratégicamente importante Cercano Oriente. Rusia tiene una base de la Marina en el puerto sirio de Tartus y sus exportaciones de armamento aprovisionan al régimen sirio.
La suerte no sólo parece estar del lado de las tropas del Gobierno, sino que justamente por ello para muchos analistas es poco probable que el Gobierno haya ordenado el empleo de gas nervioso.
Incluso círculos de los servicios secretos estadounidenses subrayan que cada vez más islamistas radicales de zonas como el Cáucaso Norte ruso llegan a Siria para luchar contra Al Asad. De acuerdo con Moscú, son ellos los responsables de los brutales crímenes. "La oposición se aferra a las palabras del presidente estadounidense Barack Obama, para quien el empleo de armas químicas es la línea roja", dice el experto en Defensa ruso Fiodor Lukjanov.
En los hechos, la Casa Blanca, está bajo presión. El portavoz Josh Earnest sonaba amargado cuando repitió por enésima vez: "Por ahora no alcanzamos nuestro objetivo de derrocar a Al Asad". Las voces más críticas en el Congreso dicen que Obama ni siquiera lo está intentando.
El presidente habló de la "línea roja" en caso de que el Gobierno sirio empleara gas nervioso hace un año y amenazó más que claramente con una intervención militar en ese caso. Le llevó diez meses tomar una medida como aprobar una entrega limitada de armas a los rebeldes. Sin embargo, este tipo de colaboración ayuda sólo a una parte de los opositores. El gran problema, también en el tercer año de conflicto, es identificar a los opositores "moderados" al régimen.
Hoy día, en Siria no se trata de "elegir entre dos partes, sino de elegir entre muchas partes", escribió el jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense, Martin Dempsey, al Congreso. Y Washington no quiere cometer errores en ello. El temor a que los lanzamisiles estadounidenses caigan en manos de los terroristas es demasiado grande.
| Agencia DPA |


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